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Tres días pueden dar mucho de sí si se elige bien el destino. Desde recorrer miradores y subir a tranvías en Lisboa hasta perderse entre zocos en Marrakech Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada El puente de mayo es un momento perfecto para aprovechar y hacer un pequeño viaje. Tres días bien aprovechados dan para mucho más de lo que parece, sobre todo en primavera, cuando las temperaturas acompañan y los días son largos. Además, con vuelos de menos de tres horas desde España, hay destinos que permiten exprimir el tiempo al máximo. Y como verás, las posibilidades son muchas y muy variadas. La clave está en organizarse bien. Por eso, te proponemos escapadas pensadas día a día, con planes concretos para cada jornada. La idea no es verlo todo, sino seleccionar bien y encajar visitas, paseos y alguna que otra experiencia para que el viaje cunda sin ir con la sensación de estar corriendo de un sitio a otro. Si los planteamos bien, tres días pueden ser más que suficientes para hacerse una buena idea de un destino. Entre las propuestas hay ciudades que se recorren casi sin darte cuenta, como Lisboa, enlazando miradores, tranvías y una escapada a Sintra, y otras que suponen un cambio total de registro, como Marrakech, donde perderse por la medina, recorrer los zocos o terminar el día en Jemaa el-Fna forman parte del plan. También hay hueco para Burdeos, ideal para combinar su elegante centro con una excursión entre viñedos. Para Nápoles, intensa y caótica a partes iguales. Y para Bruselas, perfecta para alternar la Grand Place, museos y una escapada a ciudades cercanas como Brujas o Gante . Cinco destinos muy diferentes, pero muy interesantes si queremos aprovechar el puente de mayo para romper con la rutina. Lisboa Lisboa es uno de esos destinos que encajan especialmente bien en una escapada de tres días: cercana, manejable y con muchos planes a poca distancia entre sí. El primer día puedes empezar por Alfama, dejándote llevar por sus calles hasta miradores como Portas do Sol. Desde ahí, puedes bajar hacia la catedral y continuar hasta la Baixa, pasando por la Plaza del Comercio. Por la tarde, acércate a Belém para ver el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, y termina el día con un paseo junto al Tajo. La Torre de Belém, en Lisboa. El segundo día lo puedes dedicar a seguir explorando otras partes de la ciudad. Una buena idea es subir al Castillo de San Jorge a primera hora y, después, ir enlazando miradores como el de Santa Justa o São Pedro de Alcântara. También puedes moverte en el tranvía 28; no hay cosa más típica en Lisboa. A lo largo del día, alterna paseos por Chiado con una parada en el Convento do Carmo. Por la noche, una cena con fado sería la guinda perfecta. Para el tercer día, lo más recomendable es salir de la ciudad. La excursión a Sintra es casi imprescindible, con paradas en el Palacio da Pena y la Quinta da Regaleira. Si prefieres algo más tranquilo, puedes acercarte a Cascais y pasear por su centro y su paseo marítimo. En ambos casos, la idea es aprovechar la mañana y volver con tiempo suficiente para ir al aeropuerto esa tarde. Marrakech Marrakech es un destino cercano, pero que nos lleva muy lejos porque el contraste es tremendo. El primer día puedes dedicarlo a una toma de contacto con la medina. Empieza por la mezquita Koutoubia y continúa hacia el Palacio de la Bahía y las Tumbas Saadíes. Después, piérdete por las calles hasta llegar a Jemaa el-Fna, que al caer la tarde se transforma por completo. Una buena idea es cenar en alguno de sus puestos o subir a una terraza para ver el ambiente desde arriba. La plaza de Jemaa el-Fna, en Marrakech. El segundo día lo puedes organizar con más calma. Empieza en el Jardín Majorelle y el Museo Yves Saint Laurent, y después acércate a la madrasa Ben Youssef, uno de los rincones más bonitos de la ciudad. A partir de ahí, dedica tiempo a recorrer los zocos con calma, entrando en talleres y pequeñas tiendas. Cuando te des cuenta, estarás regateando por algo que ni siquiera querías. Por la tarde, un hammam tradicional es una buena forma de parar y descansar antes de cenar en algún riad. Para el tercer día, puedes completar la visita con lugares como el Palacio El Badi o el Museo de Marrakech, y dar un último paseo por la medina para compras de última hora. También es buena idea volver a Jemaa el-Fna para verlo con otra luz. Después, comida tranquila y regreso con tiempo al alojamiento para recoger el equipaje antes del vuelo. Burdeos Burdeos es una ciudad elegante y muy cómoda de recorrer, perfecta para una escapada corta. El primer día puedes centrarte en su centro histórico, empezando por la plaza de la Bolsa y el espejo de agua, y continuando por la calle Sainte-Catherine hasta la catedral de Saint-André. Desde ahí, puedes subir a la Torre Pey-Berland para tener vistas de la ciudad y seguir paseando por el casco antiguo. Por la tarde, acércate al barrio de Chartrons y termina el día junto al río Garona. Place de la Bourse, en Burdeos. El segundo día es perfecto para una excursión. Una de las más interesantes es a Saint-Émilion, donde puedes recorrer su casco medieval, entrar en su iglesia monolítica y visitar alguna bodega de los alrededores. Otra opción es la Duna de Pilat, donde puedes subir hasta la cima y disfrutar de las vistas del Atlántico. Son dos planes muy diferentes, pero ambos encajan muy bien en una jornada completa. Para el tercer día, puedes dedicar la mañana a conocer la Cité du Vin, uno de los espacios más interesantes de la ciudad, o pasear por los muelles del Garona en bici o a pie. También puedes volver al centro para una última comida en alguna terraza antes de dirigirte al aeropuerto con tiempo. Nápoles Nápoles es intensa, directa y a veces caótica, pero precisamente por eso resulta tan interesante. El primer día puedes empezar por su centro histórico, recorriendo Spaccanapoli y entrando en lugares como la iglesia del Gesù Nuovo o el Duomo de San Gennaro. A medida que avanzas, irás enlazando plazas, iglesias y pequeñas tiendas. Por la tarde, puedes acercarte a la zona del paseo marítimo y el Castel dell’Ovo, con el Vesubio siempre de fondo. El Parque Arqueológico de Pompeya. El segundo día lo puedes dedicar a una excursión a Pompeya, donde merece la pena recorrer con calma las ruinas y hacerse una idea de cómo era la ciudad. Si prefieres, también puedes combinarlo con una parada rápida en Herculano. Es un día más intenso, pero muy diferente al anterior. Para el tercer día, puedes completar la visita con el Museo Arqueológico Nacional, que ayuda a entender mejor lo visto en Pompeya, y subir al mirador del Castel Sant’Elmo para tener una vista panorámica de la ciudad. Después, un último paseo por el centro, aprovecha para probar la pizza fritta si no lo has hecho ya, y pon rumbo al aeropuerto. Bruselas Bruselas es una ciudad perfecta para combinar visitas urbanas con alguna escapada cercana. El primer día puedes empezar en la Grand Place y recorrer sus alrededores, pasando por las Galerías Saint Hubert y el Manneken Pis. A partir de ahí, puedes seguir hacia el Mont des Arts y visitar el Museo Magritte o los Museos Reales de Bellas Artes. Entre medias, siempre hay tiempo para parar a probar gofres o chocolate. La Grand Place de Bruselas. El segundo día lo puedes dedicar a explorar otras zonas de la ciudad. Una buena idea es acercarte al Atomium y pasear por el parque de Laeken, donde también está el Palacio Real. Después, puedes dirigirte al barrio europeo y visitar el Parlamentarium, que explica de forma muy clara cómo funciona la Unión Europea. Si prefieres un plan más especial, acércate a los Invernaderos Reales de Laeken, que solo abren unas semanas entre abril y mayo, y es una buena oportunidad. Para el tercer día, lo más recomendable es hacer una excursión a Brujas o Gante. En Brujas puedes recorrer sus canales y plazas medievales, y en Gante, visitar el castillo de los Condes de Flandes y su centro histórico. En ambos casos, saliendo temprano en tren tendrás tiempo suficiente para volver a Bruselas, recoger el equipaje y dirigirte a tu vuelo de vuelta a casa.
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