La Opinión de Málaga
No fue un pregón de trámite ni una relación fría de advocaciones. Fran Cabello llevó al atril un texto con latido propio, un pregón escrito desde la memoria, la familia y la fe vivida, donde el Rocío de Almonte aparece como cumbre sentimental de su itinerario interior, sin restar un ápice de verdad al temblor con que nombró al Carmen Coronada y a la Divina Pastora. Hay pregones que informan, pregones que cumplen y pregones que dejan al descubierto a quien los pronuncia. El de este 2026 pertenece claramente a esta última categoría. En el salón de tronos de la casa hermandad del Rocío, en la Victoria, y con la presentación de Francis Márquez, que lo pronunció el pasado año, el cofrade malagueño levantó una pieza de fuerte aliento literario en la que la ciudad, sus barrios y sus devociones aparecen trenzados como una misma biografía espiritual.
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