Ultima Hora Mallorca
El enunciado de hoy es un homenaje a Son Bernat y a mis tíos Joan i Xisca. Una iniciativa del Ayuntamiento organizó una caminata reivindicativa desde el centro llubiner hasta la finca. Se intentaba enfatizar la importancia de mantener nuestra historia, patrimonio y me atrevo a decir que nuestra pervivencia. La venta de Agama es una estocada mortal a la producción lechera. La memoria emocional es un elemento primordial para la conformación de nuestra identidad. Numerosos estudios de neurociencia avalan la importancia de recuerdos que se almacenan, con la intervención de la amígdala límbica, en nuestra esfera emocional. El hipocampo es capaz de colocar información sólo por un olor, como vemos en la magdalena de Proust. Recuerdo pasar por una vaquería y producirme una sensación agradable a pesar del olor. Ello se debe al recuerdo de Son Bernat, bellísima finca en mi adorado pueblo natal en Llubí. Era propiedad de un primo de mi madre. Mis tíos la cuidaban con una devoción, entrega y abnegación. La crearon con su sudor y esfuerzo. Antes era una finca de secano. Se jugaron sus primeros ahorros en la búsqueda de agua. Consiguieron un pou de vena. De allí brotaba gracias a una bomba extractora, un agua fresca y de calidad. Compraron su primer tractor y consiguieron convertir aquel terreno árido en un huerto con forraje. Así nació con sus esfuerzo y ahorro una vaquería que se convertiría en una de las más importantes de la Isla. El tío Joan era un hombre adelantado a su tiempo. Audaz y valiente, apostó por la tecnología puntera de la época. Fue de los primeros en montar el sistema de ordeño con maquinaria. No había contacto ni posibilidad de contaminación con el hábitat, pasaba del ordeño a través de un sistema de vanguardia a un recipiente de acero inoxidable desde el cual pasaba al vehículo que Agama tenía para su posterior comercialización. Su hijo y heredero, enamorado de la obra de su padre, decidió continuar, aunque su padre hubiera preferido darle estudios, según confesaba a mi madre. Sabía lo esclava que es esta profesión. Pero Joan aprendió a amar el campo y ha seguido y dedicado su vida a conservarlo y protegerlo. Recuerdo a diario la llegada de la leche a casa recién ordeñada. Mi madre la hervía y aquel néctar divino ayudó a mi crecimiento y salud. Por ello la considero mi nodriza. En Navidad, mi tío venía con una lechona recién sacrificada y limpia como una patena y en Pascua lo mismo con el cordero para las panades. Mi madre tenía una relación de confianza y cariño con su primo preferido. Creo que era mutuo. Compartían confidencias y consejos. Aquellas vivencias impregnaron mi mundo emocional y adornaron mi sensibilidad hacia la naturaleza. Espero que las autoridades tomen nota de nuestra reivindicación y salven un bien imprescindible de nuestro patrimonio y sostenibilidad.
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