La Opinión de Málaga
Que Sánchez elija China para su gran viaje mientras se celebra el juicio de Ábalos y Koldo debe tener un gran significado filosófico que nosotros, pobres mortales, no alcanzamos. Bueno, también coincide que el juez Peinado procesa a su mujer, a la de Sánchez, se entiende, Begoña, y a otros, por cuatro presuntos delitos y la encamina derechita, o torcidamente, como se quiera ver, al banquillo. Tanto va el cántaro a la fuente. Porque, vamos a ver, ¿para qué viaja una pareja a China sino es porque a ella la procesan? Otra cosa es que una vez allí uno se aplique al estudio de Confucio, que no escribió nada, fueron sus discípulos y los discípulos de estos los que dieron a conocer su pensamiento. Porque no se viaja a China para mejorar las relaciones económicas, no seas ingenuo. Se trata de una dictadura comunista, una gran cárcel, y eso es lo realmente importante, también es el principal régimen que respalda a la Rusia de Putin, y, todo hay que decirlo, la balanza comercial bilateral es estructuralmente deficitaria para España y eso hay que agradecérselo a Jinping. Para más abundamiento, la competencia china en terceros mercados se vuelve cada día una tortura (eso, china) para nuestras empresas y las barreras arancelarias allí pues terminan por hacernos perder el conocimiento, son las exigencias de certificación oscuras, las regulaciones que cambian con discrecionalidad… Ya en el suelo nuestras cuentas, exánimes, el volumen de inversión de allá no alcanza ni por asomo lo que se decía, y el I+D+i no se transfiere en absoluto, por no hablar de la competencia desleal que termina por cerrarnos los párpados. Se trata de España, este país de todos los demonios por el que lloraba Gil de Biedma.
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