La Opinión de Málaga
La casa como espacio vivido y como contenedor simbólico convierte la memoria en una función tanto espacial como anímica. Quizá nadie haya cartografiado con más agudeza este territorio, físico pero también intangible, que el pensador Gaston Bachelard, revelador de esa imaginación poética que cualquier casa encierra. Una breve fórmula expresa esta idea con rotunda y límpida fuerza: «La casa es uno de los mayores poderes para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre».
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