El Plural
Hungría celebraba el pasado domingo elecciones parlamentarias, en las que fueron elegidos los 199 representantes de la Asamblea Nacional que, a su vez, tienen la responsabilidad de elegir al primer ministro. El candidato ganador fue el derechista Péter Magyar, que ponía fin a 16 años de mandato del ultraderechista Viktor Orbán y, con ello, asestaba un golpe a la integridad de la extrema derecha internacional. Tras la derrota en Hungría, la pérdida de popularidad y legitimidad de Donald Trump con la situación en Irán, las tensiones del propio estadounidense con la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni, y otros momentos de zozobra generalizada, cabe preguntarse en qué situación se encuentra la internacional ultraderechista de cara a la segunda mitad de este decenio. Antes de entrar en materia, lo primero es hacer una matización al primer párrafo de este propio artículo. Aunque la derrota de Orbán ante Magyar suponga un golpe a la extrema derecha europea, no hay que caer en el error de dibujar al ganador como un perfil muy distante ideológicamente del del propio Orbán. Perteneció al partido de su predecesor entre 2002 y 2024 y estuvo en su gabinete entre 2015 y 2024, hasta que abandonó todos sus cargos denunciando su descontento con la gestión del Gobierno. Por ello, es evidente que comparte parte de los posicionamientos de Orbán, aunque con cierta suavidad en algunos puntos, y la afiliación de su partido en el Parlamento Europeo es la democristiandad del PPE. Por ende, su victoria supone una aproximación al centro en el Gobierno húngaro en tanto que el nuevo primer ministro ni su partido son de extrema derecha, pero no es ni remotamente un líder que pueda celebrarse desde el progresismo, sino más bien un perfil que aúna ideas a caballo entre el neoliberalismo económico y el conservadurismo social. Dicho esto, ahora sí, puede hacerse la pregunta: ¿en qué situación dejan la derrota de Orbán y otros fenómenos contemporáneos a la extrema derecha internacional? Puntos claros de pivote En primer lugar, resaltar lo evidente: el triunfo de Magyar debilita a la internacional de extrema derecha, compuesta por partidos nacionalistas, ultraconservadores y por dirigentes populistas en las que la Hungría de Orbán jugaba un rol de peso. Conferencias, think tanks, discursos públicos, financiación y políticas en los que una Budapest ultraconservadora y respaldada por Washington era importante. Primer punto de pivote. El segundo punto de pivote para la extrema derecha mundial (yendo hacia atrás en el tiempo, entendiendo el primero como el más reciente) ha sido la escalada de la tensión internacional. Venezuela. Groenlandia. Irán. Los meses de amenazas y de intenciones imperialistas del presidente estadounidense han hecho arquear la ceja a sus socios europeos, que no se han adscrito, al menos no todos, ciegamente a los estertores del imperio, lo que ha deshecho la cohesión del grupo. Es cierto que, por ejemplo en España, Vox, sin responsabilidades gubernamentales, ha sido fiel a las intenciones del tycoon estadounidense, pero no ha pasado lo mismo en el resto de Europa:...
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