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Ni Egipto, ni Arabia: este es el país donde hay más pirámides (y casi nadie lo sabe)
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Ni Egipto, ni Arabia: este es el país donde hay más pirámides (y casi nadie lo sabe)

A pesar de su relevancia, estas pirámides han vivido durante siglos en un segundo plano, alejadas de los grandes circuitos turísticos Esta es la pirámide más grande del mundo -que no la más alta- y no está en Egipto Cuando pensamos en pirámides, la mente viaja casi automáticamente a Egipto, a las arenas de Giza y a esas construcciones colosales que han definido la imagen del mundo antiguo. Sin embargo, la realidad es bastante más sorprendente y desmonta ese imaginario colectivo: el país con más pirámides del planeta no es Egipto, sino Sudán. Sí, aunque suene contraintuitivo, es en territorio sudanés donde se concentra la mayor cantidad de estas estructuras milenarias, muchas de ellas prácticamente desconocidas para el gran público. Y no hablamos de unas pocas, sino de más de 200 pirámides repartidas por el desierto, levantadas por una civilización que durante siglos rivalizó con los propios egipcios. Las pirámides de un reino olvidado Para entender este fenómeno hay que mirar hacia el antiguo reino de Kush, una potencia africana que floreció a orillas del Nilo y que tuvo su epicentro en ciudades como Meroe. Fue allí donde, entre aproximadamente el 2.500 a.C. y los primeros siglos de nuestra era, se levantaron decenas de pirámides como tumbas para reyes, reinas y altos dignatarios. Estos monumentos, aunque menos conocidos, no son en absoluto anecdóticos. De hecho, forman uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del continente africano. Se distribuyen principalmente en tres grandes yacimientos: El Kurru, Jebel Barkal y la ya mencionada Meroe, todos ellos vinculados a la evolución política y cultural de Nubia. Más pequeñas, pero no menos importantes A diferencia de las grandes pirámides egipcias, las sudanesas tienen un tamaño más reducido y una inclinación mucho más pronunciada, lo que les da un aspecto más estilizado. Están construidas principalmente con arenisca y granito, y en su interior albergan cámaras funerarias decoradas con relieves, inscripciones y escenas que narran la vida de sus gobernantes. El hecho de que sean más pequeñas ha jugado, paradójicamente, en su contra a nivel mediático. No compiten en escala con las de Giza, pero sí en valor histórico y simbólico, ya que reflejan una tradición funeraria propia que, aunque influida por Egipto, desarrolló características únicas dentro del mundo nubio. Entre el olvido y la amenaza del desierto A pesar de su relevancia, estas pirámides han vivido durante siglos en un segundo plano, alejadas de los grandes circuitos turísticos y del foco mediático internacional. Y no solo eso: su estado de conservación se ha visto amenazado tanto por la acción humana como por el entorno natural. En el siglo XIX, exploradores como Giuseppe Ferlini llegaron a dinamitar varias de estas estructuras en busca de tesoros, destruyendo partes fundamentales de su arquitectura. A ello se suma un problema mucho más silencioso, pero constante: el avance del desierto. Las tormentas de arena, cada vez más frecuentes e intensas, erosionan las superficies, cubren parcialmente las estructuras y amenazan con sepultar lentamente estos vestigios del pasado. Es un fenómeno que ya se documentaba en la antigüedad, pero que hoy se ha intensificado debido a la desertificación y al cambio climático. Un patrimonio que lucha por sobrevivir En la actualidad, iniciativas como la Gran Muralla Verde intentan frenar el avance del Sáhara mediante la reforestación a gran escala en el Sahel. Aunque su objetivo principal es medioambiental, este tipo de proyectos puede tener un impacto indirecto en la conservación de estos enclaves históricos, reduciendo la movilidad de la arena y protegiendo el terreno. Aun así, la situación sigue siendo delicada. Muchas de estas pirámides continúan expuestas, alejadas de los grandes recursos de conservación que sí reciben otros monumentos más mediáticos. El gran desconocido de la historia antigua La existencia de más pirámides en Sudán que en Egipto no es solo una curiosidad geográfica, sino también una llamada de atención sobre cómo construimos nuestra visión del pasado. Hay civilizaciones enteras que han quedado fuera del relato dominante, pese a haber dejado huellas tan impresionantes como estas. Quizá por eso, hablar de las pirámides de Sudán es también hablar de una historia que todavía está por redescubrirse. Una historia escrita en piedra, en mitad del desierto, que durante siglos ha permanecido en silencio mientras el mundo miraba hacia otro lado.

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