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"Cuando una empresa cierra la oficina un día a la semana por teletrabajo, el consumo de calefacción, electricidad e internet se externaliza al hogar del trabajador” | Collector
Cope Zaragoza

"Cuando una empresa cierra la oficina un día a la semana por teletrabajo, el consumo de calefacción, electricidad e internet se externaliza al hogar del trabajador”

Una reciente propuesta de la Comisión Europea para instaurar un día de teletrabajo obligatorio a la semana ha vuelto a poner sobre la mesa un patrón que, según el analista Marc Vidal, se repite en cada crisis. La medida, presentada como una respuesta de emergencia energética, es vista como un ejemplo de cómo las instituciones supranacionales aprovechan momentos de shock para implantar agendas previamente decididas, evitando el debate democrático y el consenso social. Este mecanismo consiste en un shock externo, la aplicación de medidas urgentes y, finalmente, la normalización silenciosa de lo excepcional. Esta estrategia no es exclusiva de Bruselas. Desde Washington, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha afirmado que la superación de los retos actuales requerirá sacrificios: "no podemos superarlo sin que pongamos algo de nuestra parte y sin sufrir algo de daño". Este discurso se alinea con el borrador filtrado por la Comisión, que plantea que el ciudadano consuma menos, se mueva menos y dependa más de la infraestructura pública y digital. Surge así la pregunta clave que plantea Vidal: "¿esto es una respuesta a la crisis o es la crisis la excusa para hacer lo que ya habían decidido antes?". La actuación de la Unión Europea ha estado marcada por la reacción tardía en lugar de la anticipación. Un informe de Mario Draghi en 2024, que advertía de una "amenaza existencial" para el proyecto europeo, proponía una inversión anual de casi 800.000 millones de euros para cerrar brechas en innovación, energía y defensa. Sin embargo, un año después, apenas el 11% de sus 383 recomendaciones se habían considerado, siendo el avance en materia energética prácticamente nulo. Esta inacción contrasta con los más de 800.000 millones de euros que los países de la UE destinaron entre 2021 y 2023 a ayudas de emergencia para contener los precios energéticos, un dinero que, según Vidal, solo sirvió para "comprar tiempo" sin resolver la dependencia estructural. Las consecuencias de esta mala planificación recaen directamente sobre los ciudadanos. Un precedente claro fueron las sanciones a Rusia en 2022. Aunque se presentaron como una medida necesaria, el coste lo asumieron los europeos con una inflación superior al 10% y la pérdida de poder adquisitivo. Mientras tanto, la economía rusa se recuperaba y reorientaba sus exportaciones. "Cada vez que Bruselas toma una decisión geopolítica de primer orden y la vende como convicción institucional, el ciudadano es quien absorbe al final el coste", señala Vidal. Este patrón se repite ahora con la crisis en el estrecho de Ormuz como telón de fondo. El problema de la nueva propuesta sobre el teletrabajo no es la medida en sí, sino su carácter obligatorio. La Confederación Europea de Sindicatos ya ha advertido que "el teletrabajo no puede trasladar la factura energética del empleador al empleado". Al cerrar la oficina, la empresa ahorra, pero el trabajador asume los costes de calefacción, electricidad e internet. Para Vidal, estas deben ser "elecciones de cada uno de nosotros", no imposiciones que externalizan el coste de la mala planificación institucional. Según el análisis de Vidal, este sistema se alimenta de la urgencia y de un ciudadano "anestesiado" que acepta las medidas sin cuestionar las causas. La solución no es la paranoia, sino "negarse a apagar el sentido crítico cuando más se lo piden". Es fundamental distinguir entre la emergencia real y la emergencia útil, aquella que sirve de "lubricante para hacer pasar lo que, en condiciones normales, necesitaría debate, consenso y legitimidad democrática". Ante un futuro donde se anticipan nuevas crisis, el inversor concluye que la única herramienta que ninguna institución puede regular es el criterio propio. Este se ejercita "leyendo entre líneas" y haciendo las "preguntas incómodas" que raramente aparecen en los titulares. La advertencia es clara: antes de la próxima crisis, "habrá otro borrador, otra cumbre y otro paquete de medidas urgentes" que se justificarán con una emergencia que, una vez más, alguien no resolvió a tiempo.

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