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Con sus 858 metros de altitud, ostenta el título de ser el pueblo más elevado de la provincia de Cádiz y, curiosamente, también el más pequeño. Pero que su tamaño no te engañe, porque lo que le falta en extensión le sobra en encanto y en una paz que, especialmente en primavera, se disfruta desde el primer momento. Situado en un valle estrecho, resguardado por el macizo de la Sierra del Caíllo y frente a la Sierra de Líbar, Villaluenga del Rosario es un enclave donde la geografía manda sobre la arquitectura. Aquí no hay grandes avenidas ni semáforos. Sus calles se han ido adaptando a las rocas y a las pendientes , creando un conjunto de casas blancas y tejados que parecen estar colocados uno a uno buscando el sol. Lo primero que nota el viajero al dejar el coche en las zonas habilitadas a la entrada es el sonido. O, mejor dicho, la ausencia de los ruidos a los que estamos acostumbrados. No tiene nada que ver con una cuestión de protección ambiental, sino física, ya que muchas de sus calles son tan estrechas y empinadas que hacen muy difícil que pasen los vehículos. Los coches se quedan en la entrada del pueblo y, a partir de ahí, el camino se hace a pie. Ese detalle hace que sea muy gratificante la experiencia de visitarlo, sobre todo en primavera. Es un sitio ideal para pasear disfrutando de sus rincones y de las flores y plantas que invaden sus calles. El nombre del pueblo viene de «Villa luenga» y significa villa larga. Si lo miras desde la distancia, el trazado del pueblo es una hilera blanca de casas que se alarga siguiendo la falda de la montaña, aprovechando el poco espacio llano que permite la geografía. Aunque su aspecto actual tiene una clara herencia árabe —estuvieron aquí desde el siglo VIII hasta finales del XV—, el valle ha estado habitado desde hace miles de años. En las cuevas cercanas, como las de la Manga , se han encontrado restos del Paleolítico y del Neolítico que confirman que este enclave siempre fue un buen refugio. Incluso los romanos pasaron por aquí, dejando tramos de calzadas que todavía se pueden recorrer si te gusta caminar por la sierra. Uno de los puntos más conocidos de Villaluenga es la antigua Iglesia del Salvador . Durante la Guerra de la Independencia, las tropas de Napoleón quemaron el edificio como represalia por la resistencia que ofrecieron los vecinos. De la construcción original de 1722 solo quedaron la torre y los muros maestros. En lugar de reconstruirla como templo, el pueblo decidió convertir su interior en el cementerio de la localidad. Ver las lápidas y los nichos integrados entre los arcos de piedra, sin techumbre y con la montaña de fondo, es una de las imágenes más potentes de la zona. Ha sido reconocido en varias ocasiones como el cementerio más bonito de España por esa forma tan natural de integrar la historia y el respeto por el lugar. Otro de los grandes hitos de Villaluenga es su Plaza de Toros. Si esperas encontrar la típica plaza redonda y simétrica, te vas a sorprender. Construida en el siglo XVIII, es la más antigua de la provincia y tiene la particularidad de ser poligonal. Pero lo más impresionante no es su forma, sino cómo está hecha. Está construida directamente sobre la roca , utilizando la técnica de piedra seca y aprovechando los relieves naturales del terreno para configurar el graderío. Se encuentra en un extremo del pueblo, al final de la calle Moreno de Mora, y el paisaje que la rodea es tan imponente que el monumento parece simplemente una extensión de la Sierra del Caíllo. Es un ejemplo perfecto de cómo el hombre puede construir sin destruir el entorno, utilizando lo que la tierra ofrece. Es imposible hablar de Villaluenga sin mencionar el queso Payoyo. Este producto se ha convertido en el emblema de la sierra y se exporta a muchísimos países. El secreto está en la cabra payoya, una raza autóctona de estas montañas que da una leche con un sabor muy característico. El pueblo vive por y para este producto. Cuentan con un Museo del Queso y con la única escuela de pastores de Andalucía, lo que ayuda a que la tradición no se pierda. Si puedes elegir una fecha, el primer fin de semana de abril se celebra la Feria del Queso Artesanal , un evento que llena el pueblo de gente y de puestos donde probar las distintas variedades. Para los que buscan también el contacto con la naturaleza, el entorno de Villaluenga es un paraíso para la aventura. Al estar íntegramente dentro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema , las opciones de senderismo son infinitas, pero su verdadero tesoro está bajo tierra. La Sima de Villaluenga es uno de los grandes reclamos para los espeleólogos en Andalucía. Su enorme cañón de entrada es visible desde casi cualquier punto del pueblo y es solo la puerta de entrada a un mundo de grutas y galerías que horadan la montaña. Pero si prefieres quedarte en la superficie, subir a la parte alta del pueblo para divisar el valle o caminar hacia la Ermita de San Gregorio es un buen plan. Allí, en junio, se celebra la romería de la Divina Pastora, uno de los momentos más auténticos para disfrutar del pueblo. Visitar Villaluenga del Rosario en primavera es, posiblemente, una de las mejores opciones que hay en Andalucía para desconectar un fin de semana. Es el momento en que la Alameda está en pleno esplendor y los bares del pueblo ofrecen las mejores chacinas y, por supuesto, queso payoyo. Es un lugar para dejar el teléfono en el bolsillo y disfrutar. Para fijarse en los detalles del ayuntamiento con su arco de piedra o en l a Iglesia de San Miguel y su estilo barroco. Y es que aunque Villaluenga del Rosario sea el pueblo más pequeño de Cádiz, quizá se trate también de uno de los más bonitos de la provincia.
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