ABC
El espectacular fracaso de Viktor Orbán en Hungría traspasa con creces las fronteras de su país. Orbán se había convertido en el icono de una nueva derecha que se definía, paradójicamente, como antiliberal, nacionalista, cristiana y xenófoba. Durante dieciséis años, Orbán había logrado controlar todas las palancas del poder –la economía, la justicia y los medios de comunicación– de su país, destruyendo de forma sistemática todo lo que pudiera oponerse a su autoridad absoluta. Había encubierto su propia corrupción, la de su familia, su demagogia, su odio hacia Europa, su amistad con Putin, su rechazo a la inmigración (cuando nadie emigra a Hungría) su supuesto cristianismo, una pizca de antisemitismo para condimentarlo todo, en una jerga ideológica para la que... Ver Más
Go to News Site