La Opinión de Murcia
En la caseta Los 8 de Chicuelo, las mesas ya estaban cogidas, las sillas ocupadas y las jarras de rebujito corrían de mano en mano este domingo a eso de las cuatro de la tarde. Abuelos, padres, tíos y primos compartían unos garbanzos que habían preparado, pese a los 30 grados al sol, para cumplir con una tradición intocable: el fin de semana de preferia. Soledad, una de las socias de la caseta, lo resumió así: "Estos días son sagrados. Son los únicos en los que podemos disfrutar con tranquilidad de quienes formamos parte de la caseta, que para nosotros es como nuestra casa".
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