El Comercio
A una semana de la jornada electoral, los recuerdos siguen llegando, no como pensamientos ordenados, sino como ráfagas que sacuden el cuerpo y despiertan antiguas alarmas. Hay hechos que terminan en el calendario, pero permanecen latiendo en la memoria. Dicen que existen crisis de los tres, siete o doce años en el matrimonio; que la menopausia trae sofocos y que los cuarenta exigen un renacer. Yo no sentí esas crisis. Mis efemérides de preocupación no fueron biológicas ni domésticas: fueron políticas, fueron sociales, fueron peruanas.
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