Ultima Hora Mallorca
Pocos lugares en el mapa concentran tanta tensión geopolítica en tan pocos kilómetros como el Estrecho de Ormuz. Por sus aguas transita una parte sustancial del petróleo y del gas que alimenta la economía global. Cada amenaza de cierre, cada movimiento militar, cada escalada en la región convierte ese paso en un termómetro inmediato de la estabilidad internacional. La historia reciente demuestra que Ormuz no es solo una vía marítima: es una herramienta de presión. Irán ha insinuado en repetidas ocasiones la posibilidad de bloquear el tránsito como respuesta a sanciones o acciones militares. No es una amenaza menor. El simple riesgo de interrupción basta para disparar los precios energéticos, alterar los mercados y trasladar la incertidumbre a miles de kilómetros de distancia, también a Europa y a territorios insulares como Balears, donde la dependencia energética del exterior sigue siendo una realidad estructural. Pero cerrar Ormuz no es una decisión sin coste para quien la ejecuta. La economía iraní también depende de ese flujo.
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