ABC
Josep Maria Bartomeu rompe su silencio, dice, cansado de las críticas continuadas que recibe de la Junta de Laporta. El dirigente visita la sede de Vocento en Barcelona, armado de documentación, para responder a todas las dudas generadas sobre su presidencia en el Barcelona, entre enero de 2014 y octubre de 2020. —El final de su mandato fue bastante convulso, con una moción de censura. ¿Dimitió para no afrontarla? —No. La dimisión se produce en octubre de 2020, en pandemia, porque habíamos solicitado votar la moción cuando las limitaciones de movilidad fuesen más ligeras, pero el PROCICAT (instrumento que utiliza la Generalitat para gestionar emergencias graves) nos dijo que no, que teníamos que votar y la Federación Catalana de Fútbol nos dijo que si no se votaba podía haber una inhabilitación de los directivos. Entonces, lo que decidimos, ante la imposibilidad de poder aplazar la votación, fue dimitir porque los socios no se podían desplazar para votar. —¿Si se hubiera celebrado la habría superado? —No lo sé, pero hubiera hecho campaña. —¿Usted arruinó al Barça? —Lo he oído muchas veces, pero no es cierto. Forma parte de un relato muy interesado de la junta actual que puedo aceptarlo durante uno o dos años, pero han pasado más de cinco años y medio y siguen con lo mismo. Entonces digo tajantemente que no. Lo que sí es cierto es que el Barça sufrió el Covid, como la mayoría de equipos grandes de Europa, y eso hizo que durante esos 18 meses dejase de ingresar alrededor de 500 millones de euros. Esto es un golpe fuerte y no lo digo yo, lo dicen los informes de LaLiga. —¿LaLiga? —Sí. Emitió un informe en octubre de 2021 en el cual indicaba que el Covid había afectado al Barça en más de 500 millones de euros. Ahí sí que hay un problema, pero el Barça no está arruinado. Eso forma parte del relato interesado. El Barça necesitaba gestión y nuevos ingresos. Lo que sí es cierto es que el Barça hoy en día aún no ha superado esa situación y este es uno de los hándicaps que el club tiene actualmente. | En PDF: Documentación aportada por Bartomeu para avalar su gestión, en la que se ve la evolución económica desde 2009 hasta su dimisión en 2020 | —¿Cuál sería la fotografía sin pandemia? —Pues que en ese ejercicio de 2020 se hubiera acabado otra vez con récord de ingresos de más de 1.100 millones de euros, los mayores de Europa, con beneficios. Y el año siguiente hubiera habido elecciones, como estaba previsto, y hubiera habido un cambio de directiva porque era mi segundo mandato y yo no me podía volver a presentar. —Usted se escuda en la pandemia, pero eso afecta a todos y, de hecho, el Real Madrid ganó dos Champions… —Una cosa es la economía y otra la parte deportiva. Es verdad que el Madrid ha ganado dos Champions durante esos años post pandemia. El Barça ha ganado Ligas, la Copa del Rey que gana Koeman, las Supercopas que gana Xavi… El problema del Barça fue el cambio generacional. En el Barça hemos vivido durante 12 años, de 2008 a 2020, de una generación espectacular que ha dado muchos títulos. —¿Va unido lo económico y lo deportivo? —Sí. El equipo ayuda a mejorar la economía, aumenta los ingresos. Durante los cuatro años de Sandro Rosell como presidente se ganaron nueve títulos y más de 135 millones de euros. No está mal, ¿eh? Cuando se va Sandro en 2014, asumo yo la presidencia y hasta 2020 ganamos 13 títulos y más de 110 millones de euros. Eso sí, luego, en el año 2020, viene la pandemia y perdemos 128. Pero si no hubiera sido por la pandemia la trayectoria del club, tanto deportiva como económica, era ascendente. Es cierto que en la deportiva hacía falta acometer ese cambio generacional que hacen todos los equipos. —¿Es usted el peor presidente de la historia del Barcelona? —No lo sé. No hay ni buenos ni malos presidentes, no hay un ranking de presidentes, porque el ranking ¿cuál es? ¿El de los títulos? ¿El de los beneficios? ¿Cómo se mide? Forma parte de un relato muy interesado. Eso ha pasado históricamente y hay que aceptarlo, pero es un relato que tiene que ser corto, puede durar un año, un año y medio, pero llevamos cinco años y medio con esta manera de criticar. La herencia tiene muchos matices. —¿Le duele? —No, no me duele. Lo acepto porque forma parte de la gestión de cualquier institución, pero lo que me parece asombroso es que lo sigan repitiendo cinco años y medio más tarde. Eso me parece que es aprovecharse de un relato inventado, un relato que no es cierto, para justificar cosas que ocurren en el club que no me parecen bien. —¿Y qué le dicen por la calle, le insultan, le animan? — Hay de todo. No todo el mundo está de acuerdo con tus decisiones. Hay gente que te pide fotos y otra que ya ves que te mira con mala cara porque seguramente no le gustan ciertas cosas. —¿Se ha sentido juzgado? —Yo he sufrido dos momentos muy complicados en la historia. Uno es el 'Procés' independentista en Cataluña. He vivido ese momento con el Barcelona con un objetivo principal, que era no politizar las decisiones del Barça. Y el segundo ha sido el Covid. Esto sí que ha sido un problema generalizado para todos los deportes del mundo, pero el Barça lo ha sufrido como uno de los que más. ¿Por qué? Primero, porque éramos el club que teníamos más ingresos del mundo. Segundo, porque nosotros como club dependemos poco de los derechos de televisión, quizás el 25% de nuestros ingresos. El resto son otras actividades que tiene el club, como el museo, las escuelas de fútbol, las tiendas, el ticketing… Y esto se cayó estrepitosamente por culpa del Covid. La afectación del Barça en esos 18 meses son una pérdida de ingresos de casi 500 millones de euros. —La pandemia… —En el año 2020 la revista Forbes, especializada en el mundo económico, le dio al Barça por primera vez en la historia el título de club más valioso del mundo, por encima de grandes clubes que hay en el mundo del deporte. A pesar de esa supuesta herencia o este mal presidente… Había una gestión que nos permitió llegar a este número uno. —En 2021 gana Laporta y asegura que usted dejó unas pérdidas de 555 millones de euros… —El ejercicio de 2021 es de Laporta, no se puede imputar a la Junta anterior. Forma parte de su primer año de mandato. Y es en ese ejercicio donde él presenta a la Asamblea de Compromisarios unas pérdidas de 555 millones de euros. —¿Se hincharon esas pérdidas? —Se hincharon. Se hincharon. Y no lo digo yo, lo dice la auditoría. El auditor dice en su informe que hay una serie de partidas que la Junta directiva quiere añadir. Y se hinchan las pérdidas que eran de 283 millones de euros. Esas fueron las pérdidas. Y esto también sale en Hacienda. Cuando el Barça presenta sus cuentas anuales en Hacienda, en el impuesto de sociedades, el Barça hace correcciones y rebaja esos 555 millones que se aprobaron en Asamblea hasta los 283 millones. —¿Con qué motivo cree que se hizo? —Eso habría que preguntárselo a Laporta. Yo creo que tiene que ver con el aval. En el año 2021 presentan un aval para poder ser directivos cuando ganan las elecciones y creo que ellos piensan en hinchar las pérdidas en ese ejercicio para luego, si no pasa nada, deshacerlas al año siguiente, poder presentar beneficios y quitarse el aval. —Una decisión que provocó la pérdida del 'fair play financiero'. —Sí, aunque LaLiga hace un informe asegurando que las pérdidas no son tales y, además, provocadas por el Covid, hay tanta insistencia en que las pérdidas son de 555 millones que LaLiga se ve obligada a aplicar esas pérdidas con esas cifras y se cargan el 'fair play' financiero. Si se hubieran aplicado las pérdidas reales, las que se le dicen a Hacienda y que son por el Covid, se hubieran amortizado en cinco años, a 57 millones anuales… —Usted también propuso bajar los salarios, pero ¿eso no es pan para hoy y hambre para mañana, además de generar malestar en el vestuario? —En marzo de 2020, cuando comienza la pandemia acordamos con los jugadores bajar su salario un 12% a fondo perdido para mejorar las cuentas del club y un 2% suplementario, hasta un 14%, para compensar la pérdida de ingresos de ciertas personas del club que evidentemente tienen ingresos muy bajos. Gracias a eso las pérdidas ese año solo son de 128 millones. —Pero la situación no mejoró. —Cuando llegó el mes de agosto de 2020, el PROCICAT nos informa de que en septiembre tampoco abriremos el campo y que, en todo caso, la situación se alargaría hasta febrero de 2021. Entonces volvemos a hablar con los jugadores y les decimos que les íbamos a bajar un 20 por ciento del salario. Hubo sus más y sus menos y abrimos una mesa de negociación colectiva, porque se hizo un ERE. Cuando acabó yo ya no era presidente porque había dimitido antes, pero lo que se acordó fue aplazar los salarios de los jugadores de esa temporada a otros años para mejorar las cuentas, ya que no había ingresos. —Pedri, Ter Stegen, De Jong, Lamine, Cubarsí, Gabi, Fermín, Balde, Araujo... son parte también de su herencia. —Yo no quiero sacar pecho porque esto forma parte del trabajo habitual que hace el Barça. Es verdad que son todos jugadores que vienen de la herencia del trabajo anterior de una junta directiva y de unos técnicos. Alabaría a Guillermo Amor, Jordi Roura, Aureli Altamira… No se trata de sacar pecho, simplemente son datos, es una evidencia que hubo un buen trabajo del fútbol profesional y fútbol base. —En otros fichajes se pagaron las ganas. Defienda el desembolso por Dembélé (105+20), Griezmann (120) o Coutinho (160). —Esto forma parte de la historia. Todo lo que se hace bien en el club siempre es mérito de algún ejecutivo o algún técnico, y todo lo que se hace mal siempre es culpa del presidente. Coutinho tuvo unos primeros meses muy buenos y luego, nunca sabes por qué, no fue tan bien. En el caso de Dembélé lo tengo fácil: era un fichaje de un jugador joven con mucha proyección de futuro. Lo fichamos cuando tenía 18 años y ya lo dijo Xavi Hernández, que no lo vendieran, porque era brutal. Al final lo venden y ahora es Balón de Oro y está triunfando en el PSG. En el caso de Griezmann, era un jugador que vino para preparar ese cambio generacional. Pero la pandemia se lo lleva todo por delante y el Barça deja de ingresar 500 millones de euros en 18 meses. Fue el club en Europa que dejó de ingresar más. —Pero en 2017, tras la marcha de Neymar, usted disparó la masa salarial con renovaciones estratosféricas como la de Messi, además de otros jugadores como Alba, Busquets o Piqué. —Llega el PSG, paga la cláusula y se lleva a Neymar. Esto no entraba en los planes. Había que buscar un sustituto y viene Dembélé. Pero una vez se va Neymar en agosto de 2017 nos llegan una serie de informaciones de que hay otro club que está preparando 400 millones para pagar la cláusula de Messi. Nos sentamos con Leo y con su padre y les proponemos hacer una renovación de su contrato con aumento de la cláusula hasta 700 millones y es lo que se firmó en noviembre del 2017. Se renueva Messi por una cantidad de salario que me pareció muy lógica, sobre todo por lo que él daba, tanto deportiva como económicamente. Le blindamos porque si pagaron 222 por Neymar, podían pagar 400 por Leo y no le queríamos perder de ninguna manera. —¿Y con el resto no estiró más el brazo que la manga? —Piqué, Alba, Suárez y Busquets… Se les pagó un salario acorde con su posición en el fútbol mundial comparado con otros jugadores que ellos también tenían como referencia. Llegaron ofertas y no queríamos que se fuesen, entonces se aumentaron las cláusulas de todos esos jugadores y se les aumentó proporcionalmente su salario. Eran cifras altas, pero el Barça lo podía pagar perfectamente. Cada año aumentábamos los ingresos, cada día mejorábamos, ganábamos muchos títulos y en el año 2017 queríamos mantener ese bloque y tener esos jugadores que aún les quedaba mucho fútbol. —En la calle el comentario era que ustedes habían perdido el control del vestuario y que mandaba Messi. —Esto no es cierto. Messi, como el mejor jugador de la historia del mundo del fútbol y del Barça, tenía sus ideas, pero son temas deportivos que seguramente comentaba con sus técnicos, entrenadores, compañeros… pero en el club mandaba la junta directiva y los ejecutivos. —¿Le sorprendió la marcha de Messi? —Pues la verdad es que sí. Me sorprendió y me entristeció. Porque Messi no había acabado todavía su fútbol, no había acabado su relación con el Barça y me supo muy mal porque el club lo necesitaba y el equipo también. Acordémonos que después de la salida de Messi hay dos años que jugamos Europa League... Nunca entenderé su salida, no lo entiendo porque Messi estaba dispuesto a hacer el sacrificio económico que hiciese falta para seguir en el Barça. No entenderé por qué dejaron que su contrato acabase. Hubieran tenido que renovarlo antes de finalizar su contrato. Messi tenía claro que él quería seguir en el Barça y sufrió mucho. El club también lo ha sufrido deportiva y económicamente. —¿Le extraña que Messi tenga mala relación con Laporta? —No, es normal. Si alguien te despide y no quieres ser despedido, es posible que la relación sea mala. —Con usted Messi también se quiso ir… —Sí, me envió un burofax, en agosto de 2020, pero yo tenía claro que no podía irse. Messi era fundamental desde el punto de vista deportivo, pero también económico, para el club. Se lo expliqué, le costó un poco, pero entendió que tenía contrato y que no podía irse, por el club. El club necesitaba a Leo Messi. Además, era mi último año y en mi caso yo tenía clarísimo que era imposible. Era el mejor jugador de la historia del mundo del fútbol y tenía que estar con nosotros. —Se molestó bastante con usted ¿recondujeron la relación? —Sí, claro. Cuando se fue al PSG tuvimos algunas conversaciones. Ahora que está en Miami ya no hablamos. Lo está haciendo muy bien también en Miami y ha conseguido que en Estados Unidos el fútbol sea aún más reconocido, más seguido y ha conseguido que un club como el Miami haya escalado posiciones, tanto deportiva como económicamente. Esta es la fuerza de Leo Messi. De todas maneras, no sé si la gente lo sabe, en Miami tres de los directores que hay más importantes estaban conmigo en el Barça: Xavi Asensi, Raúl Sanllehí y Víctor Oliver. Los tres se fueron cuando ganó Laporta y están haciendo un muy buen trabajo en el Miami. —¿Algún jugador más se quiso ir en aquel momento? —En el verano de aquel 2020 se fueron Rakitic y Luis Suárez. Koeman empezó un cambio generacional relevando a jugadores más veteranos y haciendo subir jugadores del fútbol base. Quizás mi error fue no hacerlo después de caer eliminados ante el Liverpool, tendría que haber empezado un año antes, pero siempre piensas que esa generación se merecía un voto de confianza, una temporada más. Pero después del 2-8 ante el Bayern quedaba claro que el cambio generacional era necesario. 2020 fue el único año de mi mandato sin títulos. En las demás en las que fui presidente gané 13 títulos. Más los nueve con Sandro de vicepresidente y uno con Laporta como directivo. —¿Y qué dice de las secciones? —Todo el mundo habla de parte económica, que se ve lastrada por la falta de ingresos por culpa del Covid, pero en la herencia hay muchas otras cosas. Están los equipos de las secciones, que tuvieron muchos éxitos también. El fútbol femenino... Hay una apuesta decidida para profesionalizar este deporte y hoy en día estamos disfrutando de esas decisiones. Estoy muy orgulloso. —¿Qué le parece que se pague una comisión millonaria a Darren Dein por intermediar con Nike? —No lo entiendo. Es muy complicado de entender. No es normal cuando tienes una negociación con un patrocinador de hace muchos años. Se negocia, se habla... De hecho, yo he participado en varias negociaciones con Nike y en ninguna de ellas utilizamos nunca un intermediario. Introducir un intermediario cuando nos conocemos desde el año 1997, extraño es... —¿Insistir en el tema de la herencia de forma negativa es la forma que tiene Laporta de justificar sus malas decisiones? —Cuando hay un cambio de gobierno, es algo que forma parte del ejercicio habitual, decir que los anteriores eran muy malos, yo soy muy bueno y eso lo cambiaré. Se acepta que eso ocurra, porque ha ocurrido siempre. Lo que no se acepta es que han pasado más de cinco años y medio y sigan con ese relato. Eso es porque se están justificando por temas que no están pudiendo solucionar, que son solucionables y que están tardando demasiado para hacerlo. —¿Le sorprendió el resultado de las elecciones? —No. Cuando el primer equipo de fútbol va bien el socio está feliz y contento. No me sorprendió. Si vemos los resultados de los últimos 40 años, siempre que se han celebrado unas elecciones, la junta que había en el poder se presentaba a la reelección y si el equipo de fútbol iba bien, siempre se ha ganado. Pues ha pasado lo mismo este marzo, el primer equipo de fútbol iba bien. Otras cosas del club no van bien, pero eso va bien. —Dígame algo bueno de Laporta. —Fichó a Flick… —¿Se sentaría en la misma mesa que Laporta? —¿Para hablar de qué? Porque claro, Laporta me ha demandado por el tema del Forensic… Presentó una demanda en la Fiscalía por ocho o nueve temas. Hace unas semanas fui a declarar y solo en dos de esos ocho temas me han preguntado porque podría haber algún delito. Uno es el pago al Club Laietà de 1,5 millones de euros y el otro es el pago de una minuta al abogado González Franco de 1,7 por el caso de la conformidad en el caso Neymar 1. De todo lo demás, que sumaba más de 30 millones según la denuncia, la Fiscalía no ha entrado. Entonces, claro, sería muy difícil sentarme con él… Si hablamos sería para decirle: '¿por qué hacéis estas cosas'? —Justifique esos dos puntos en los que podría haber delito. —Cuando hay una reordenación del plan metropolitano, en este caso en el barrio de Las Corts, es normal que con los vecinos del club se hagan acuerdos. Recuerdo que se compensó a los vecinos que vivían en el edificio que estaba al lado del Picadero con 6 millones de euros. Pues al Club de Tenis Laietà se le compensó con 1,5 millones, a los vecinos de Les Corts se les dio más zonas verdes, con los comerciantes se llegó a un acuerdo para no competir con ellos con negocios similares dentro del recinto… —¿Y lo de la minuta del caso Neymar qué explicación tiene? —Imputan a al Barça por un delito fiscal y una multa máxima de 22,5 millones de euros. También hay una posible multa para Sandro Rosell y también para mí. Un año más tarde me imputan también a mí por lo mismo, por un delito fiscal. El Barça había hecho unos pagos a Hacienda y ellos interpretaban que esos pagos tenían que ser superiores porque era salario, no traspaso. En 2016 se abre la posibilidad de llegar a una conformidad fiscal aceptando una parte de la pena. Yo se la encargo a José Ángel González Franco, que es el abogado que me defendía a mí también. Y va a la Audiencia Provincial, a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía junto con el abogado del Barça, Cristóbal Martell, y también de acuerdo con el abogado de Sandro Rosell, el señor Ayala. Se pacta con este abogado que si hay conformidad percibiría el 10 por ciento del dinero que el Barça se pudiera ahorrar. Logra un acuerdo por 5,5 millones de euros en lugar de los 22,5 de multa. Consultamos a varios despachos de abogados y todos nos aconsejan el pacto, porque si vamos a juicio tenemos el 99% de posibilidades de que nos condenen con los 22,5 millones. Y esa conformidad iba en contra de los intereses de Sandro Rosell y de los míos. —¿Por qué? —Porque teníamos otra causa abierta que era el caso Neymar-2, una denuncia de DIS, el fondo de inversión brasileño que tenía los derechos del jugador, y esa conformidad nos iba a perjudicar a nosotros como presidentes. Al final se acepta la conformidad y el abogado que la ha conseguido tiene una minuta del 10 por ciento del ahorro que tiene el Barça. Y esto es lo que ha denunciado Laporta a la Fiscalía. Acordar con abogados un porcentaje de los ahorros es algo habitual en el mundo de la abogacía en temas fiscales como este. —¿Pero por que se lo encarga a González Franco, que es su abogado, en lugar de dejarlo en manos de los abogados del club? —El abogado del Barça era Cristóbal Martell y este tenía un problema: según decían los expertos si el Barça iba a juicio sería condenado. El que no lo sería nunca en ningún caso sería yo. ¿Por qué? Porque mi investigación era por 2014, cuando el Barça sí que había hecho bien las declaraciones fiscales. Entre todos pensamos que el mejor abogado para mí era el que está más liberado, el que sabía que pasase lo que pasase no sería condenado y fue González Franco el que elegí yo. —¿Puede jurar que ni usted ni nadie de su junta ha metido la mano en la caja? —No, por supuesto. Hace poco estuve reunido con varios abogados y me decían que soy un caso único en la historia de España, porque estoy en cinco denuncias por delitos económicos y en ninguna de ellas nadie me acusa de haber metido mano a la caja. Nadie me acusa de haberme enriquecido, nadie. Ni siquiera lo investigan, o si lo han investigado no han encontrado nada. —¿Comparte la gestión de Laporta en la remodelación del Camp Nou? —Veremos cómo queda al final, veremos cuando acabe la obra, pero llevamos un año y medio de retraso. Es mucho tiempo. Y creo que vamos a perder visibilidad en algunos de los espacios que están construyendo, como la tercera gradería o los palcos VIP. —Limak, trabajadores ilegales, retraso, aumento de precio… —Es un poco opaco, es poco transparente lo que está ocurriendo, pero a mí lo que me preocupa es el retraso, el año y medio... ¿Por qué? Porque el Camp Nou es una fuente de ingresos muy importante para el club. El hecho de haber ido a Montjuic, pagar alquileres y dejar de ingresar... lo que eso representa tenía sentido si la obra se hacía en poco tiempo, en dos años, como habían dicho, pero es que llevamos tres años y medio. —Vamos con el caso Negreira... —Creo que estará llegando al final de la instrucción. Yo declaré hace pocas semanas y expliqué que durante mi mandato había pagado a Javier Enríquez, el hijo de Negreira, como compensación por unos informes. No veo que haya ningún delito. No hay compra de árbitros, ni de partidos, esto no es cierto. —Usted puso fin a esa relación contractual en mayo de 2018. Coincidió con la salida de Enríquez Negreira en el CTA y la Federación. ¿Ya no interesaba? —Eso no es cierto. A Javier Enríquez se le dijo a principios de 2018 que sería su último ejercicio como colaborador. Fue una iniciativa de Pep Segura, director deportivo y Óscar Grau, director general, que decidieron prescindir de sus servicios para hacerlo internamente y ahorrar un dinero. —¿Nunca pensó que estaba mal pagarle a un vicepresidente del CTA? —No, no sabíamos que estaba el padre detrás. Javier Enríquez era un profesional contrastado que trabajaba para muchísimos clubes, para mucha gente del deporte, pero no, yo no sabía que el padre, Enríquez Negreira, era socio de la empresa, eso no lo sabía. —¿Y qué pensaría si hubiera sido el Real Madrid el que hubiera contratado a Negreira? —Todos los clubes de fútbol, no solamente en España, hacen informes arbitrales. En el Barça eso ya se venía haciendo desde hace mucho tiempo. Cuando llegué con Rosell, Javier Enríquez hacía informes y nos pareció correcto, porque es algo que el club hacía regularmente y que se decidió desde el área deportiva. En el caso del Madrid, por ejemplo, tiene contratado a un exárbitro que es el marido de la mujer que lleva el arbitraje del fútbol femenino y además es informadora arbitral. Bueno, pues me parece bien siempre y cuando actúen de forma profesional y que no haya ninguna, digamos, relación más allá del matrimonio. —¿No dirá también que se ha aprovechado todo esto para atacar al Barcelona? —Mucho, mucho, mucho. Se ha utilizado muchísimo de forma injusta porque al final son informes de scouting, son DVDs, está aportado, no hay nada que suponga que eso es para la compra de árbitros, de partidos... En absoluto, nada, nada. Ni es la pretensión que nunca se tuvo en este aspecto, nunca. —¿Comparte el término de madridismo sociológico que acuñó Laporta? —Todos tenemos en nuestra cabeza quiénes nos quieren perjudicar, quiénes son los enemigos, los rivales y es normal que cada uno haga lo que tenga que hacer. Pero lo que hay que hacer es ganar al rival en el campo. Y que fuera del campo haya 'fair play', pero es verdad que esto cuesta mucho. Yo prefiero hablar siempre de competir en el campo y de 'vamos a ganarles'. —También está usted implicado en el Barçagate ¿Desprestigió a personas que no eran afines a usted? —A raíz de la salida de Neymar del club en 2017, después el 'Procés' y el partido del 1 de octubre, hay mucho ruido en las redes sociales. El Barça históricamente siempre hacía un control o un muestreo de lo que se decía en la prensa tradicional. Ese año decido contratar una empresa para que haga un monitoreo de las redes sociales. Somos un club global, somos un club que tenemos un montón de patrocinadores, seguidores, más de 500 millones de personas en las redes sociales del Barça… A partir de aquí, el Barça decidía qué estrategias hacer en función de lo que se hablaba. Por ejemplo, si había quejas sobre un jugador, el Barça lanzaba un mensaje contrarrestando esa sensación. Pero nunca, nunca se dijo de atacar a nadie, ni a jugadores ni a nadie cercano al Barça. Eso sí, el monitoreo incluía el entorno también, es decir, presidentes, jugadores, directivos, club, exjugadores, ¿por qué? Porque todo eso forma parte de la marca. Se trataba también de proteger la marca y de que no hubiese desprestigio. Lo que hacía el Barça era hacer un monitoreo y lanzar algunos mensajes positivos cuando queríamos cambiar tendencias. Esto es lo que se está explicando en esta fase de instrucción del Barçagate. —¿Cómo le trató el 'Procés'? —Una cosa son mis ideas políticas, pero estas no deben influir para que yo, como presidente, haga que el club tome una posición política. Lo que hice fue que la política no influyese en la toma de decisiones. Hay cosas que pasaban en Cataluña, en el 'Procés', y el Barça tenía una posición que era buena para algunos, mala para otros y viceversa. Al ser un club tan global y transversal no podíamos tomar una postura. Y todo lo que hicimos fue intentar mantenernos lo más neutral posible. Evidentemente, estamos de acuerdo con el derecho de decidir. Y el Barça estaba en la plataforma por el derecho de decidir, pero a partir de aquí lo que la gente votase o no votase… El Barça no podía tomar partido desde el punto de vista político, ¿Por qué? Somos un club de fútbol y somos un club arraigado en Barcelona, en Cataluña, catalanista, nuestra lengua, nuestra cultura... pero la política no. Y creo que a muchísima gente no le gustó nuestra posición, tanto a unos como a otros, no les gustó a ninguno de los dos. —Eso es peligroso… —Lo que pasó es que conseguimos que no hubiese ninguna protección, ni protección política, ni protección mediática para la Junta directiva de 2017. Sabíamos que esto ocurriría y lo intentamos llevar lo mejor posible con esa situación. Y fue lo más acertado porque el Barça es mucho más grande que esas ideas políticas. El Barça está por encima de todo eso. —¿Se sintió solo? —En la Junta directiva también teníamos unos que pensaban de una manera, otros de otra e intentaban influir. Por supuesto. Entonces yo tuve que mantenerme en una situación, intentando ser muy neutral. Es verdad que había influencias también. Los directivos también reciben llamadas de unos medios o de políticos que trataban de presionar. Mi mensaje era que el Barça está por la democracia, el Barça está por la libertad de expresión, el Barça está por todo eso que hemos luchado durante tantos y tantos años, pero ahí nos mantenemos. Ahí, sin posicionarnos ni con unos ni con otros. —Sandro Rosell decía que fue a la cárcel por ser presidente del Barça ¿Usted se siente perseguido por este mismo motivo? —Mire, hace poco fui a declarar por el caso Barçagate y vi la actuación de los Mossos y no me parece bien cómo están actuando. Hay como una aversión, no sé, es algo muy extraño, esa tendencia, constantemente sacando informes. Dos días antes de ir a declarar sacan un nuevo informe de 6.000 páginas con más temas. Hay una actuación extraña, muy extraña de ese equipo de los Mossos . Y creo que aquí hay unas ciertas influencias que vienen de fuera. Pero no tengo ninguna prueba, claro. —Con todo lo que ha sufrido ¿volvería a ser presidente del Barça? —He estado en el Barça 12 años y la verdad es que la experiencia es brutal. Para mí ha sido un honor. Y volvería, claro que volvería. Volvería, pero por favor, sin pandemia, porque a pesar de haber tenido un montón de situaciones complicadas, muy difíciles en muchos ámbitos, desde el punto de vista deportivo, institucional, político… gestionar el club fue muy complicado. Pero por lo demás ha sido un placer y un honor. —¿De qué se siente más orgulloso y cuál ha sido el error más grave que ha cometido? —Lo mejor, ganar títulos. Y lo peor… Creo que fui injusto con Andoni Zubizarreta cuando le despedí. Pienso que si pudiese volver atrás, esa decisión la hubiera cambiado.
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