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Después del best seller El humor de mi vida, del que se vendieron más de medio millón de ejemplares, Paz Padilla regresa al ruedo literario con Alzar el duelo, un ensayo donde la presentadora y actriz reflexiona sobre las pérdidas que todos afrontamos en algún momento y, desde su propia experiencia, comparte las claves para superar el duelo y recuperar la sonrisa. «Yo quiero ser espejo. Contarte mi historia por si puedes verte reflejado, por si puedes identificar lo que sientes y por si alguno de los recursos que a mí me han servido puede ayudarte», comenta la gaditana, que en la actualidad sigue interpretando a la Chusa en la serie La que se avecina, continúa con las representaciones de la versión teatral de su libro debut y ejerce como conferenciante motivadora. - Algunos profesionales comentan que no es importante no pretender tratar el duelo, ni con fármacos ni con terapia, que uno debe transcurrir por él. ¿Lo comparte? - No lo sé, porque ni soy psicóloga, ni psiquiatra. Solo hablo de lo que a mí me ayudó y de lo que yo he aprendido. Yo no he utilizado fármacos, pero sí he tenido apoyo de psicólogos, porque trabajo en televisión y soy humorista. Durante el proceso de acompañamiento en la enfermedad [de mi marido Antonio], pensaba '¿cómo me subo yo ahí ahora a hacer reír, cuando tengo el alma rota?'. Entonces mantenía mi vida personal de forma privada y tener que ponerme una careta… Acudiendo a terapia me di cuenta de que pensamos que nosotros somos diferentes y únicos, pero al final todos sentimos lo mismo y pasamos por las mismas cosas, antes o después. También aprendí que no hay que juzgar, que cada uno tiene sus tiempos y que deberíamos evitar decir cosas como 'ya deberías estar bien y dejar de llorar'. - En su libro subraya que el duelo no es algo que se limite a pérdidas relacionadas con la muerte. También estuvo presente, por ejemplo, cuando dejó Cádiz y se fue a vivir a Madrid. - Cada vez que tomas una decisión, estás perdiendo algo al mismo tiempo. Ahí ya estás viviendo un duelo. Yo añoraba a mi madre y me sentía culpable porque, cuando volvía a Cádiz, la veía cada vez más mayor. Esto nos ha pasado a muchísimos por el tema del trabajo. El duelo se basa en perder algo que amas y, para mí, mi familia y mi tierra eran mi amor. Siempre piensas 'bueno, ya tendré tiempo de volver', pero mira, todavía no he vuelto. - Otro momento especialmente doloroso fue el de su divorcio de Albert Ferrer, padre de su hija Ana. ¿Vivió aquello como un gran fracaso personal? - No, pero sé que sucede. Al final, el fracaso tiene mucho que ver con las expectativas, con las de 'voy a envejecer al lado de este hombre' o 'voy a casarme y tendré nietos'. En realidad, la vida es pérdida. Desde el mismo momento en que nacemos y hasta el final, siempre estamos perdiendo. Vas perdiendo juventud, amores, amigos,... Por eso toca ir aprendiendo a vivir con las ausencias y a ir soltando. - Se ha atrevido a desvelar que siendo adolescente, después de tomarse una copa una noche en casa de un amigo íntimo de la familia que le sacaba más de veinte años, perdió el conocimiento y fue violada. ¿Cómo ha condicionado su vida este suceso? - Entonces era muy joven y empecé a tener muchos miedos. Miedo a no controlar, a que me hicieran daño, a contarlo, a que se enterasen, incluso miedo a mí misma. Por eso te vas protegiendo. A raíz de contar esta historia en mi libro, mucha gente me ha escrito. Y algunos han utilizado mi entrevista en 'El hormiguero' para ponérsela a sus padres o a sus maridos y decirles 'esto es lo mismo que a mí me ha pasado'. Eso te reconforta. Aunque también leo cosas como que me he inventado la historia. Justo ahí es cuando más pienso '¿ves? ¡había que hacerlo!'. En cualquier caso, a todo el mundo que haya pasado por algo así le digo que busque ayuda, porque este tipo de cosas no las cura el tiempo. - Otro momento de duelo: su despido de Telecinco. ¿Averiguó el motivo? No. Pero es que en todos los duelos hay una pregunta sobre la causa de las cosas. ¿Por qué me pasó esto? ¿Por qué murió? ¿Por qué enfermó? ¿Por qué me dejó de amar? El duelo te enseña a dejar de buscar el porqué. - Dice que en la televisión ha encontrado «competencia, celos y esa envidia que se disfraza de compañerismo». - Nos han inculcado que tenemos que pelear por conseguir aquello que queremos. 'Tú puedes. Que no te importe a quién tengas que empujar, ¡hazlo!'. Hay gente que tiene esto muy interiorizado, y pienso que olvidamos el talento. Muchas veces le digo a la gente 'si tienes talento, llegarás. Si no tienes talento será porque eres mediocre, y entonces tendrás que pelear'. Pero creo que este tipo de cosas suceden en todas las profesiones. - También habla en su libro del hate en las redes. ¿Le joroba que algunos la llamen 'doctora muerte' de forma despectiva? - Creo que quienes me llaman así son personas que le tienen mucho miedo a la muerte, que no quieren ni oír hablar de ella. Cuando me ven, de alguna forma saben que lo que les estoy diciendo es 'sé que no quieres, pero va a llegar y te tienes que preparar para cuando eso suceda'. Pero bueno, siempre es más fácil ridiculizar eso que prestarle atención. - Con toda sinceridad, ¿no se alegró cuando sus excompañeros de Sálvame fueron echados de Telecinco? - No. Perdonar implica liberarse de cierta carga. Yo no estoy capacitada para desear un castigo a otros. El pensar 'hay que ver lo que me has hecho' es algo que no me da paz ni calma. Lo que sí me la da es pensar que cada uno actúa conforme a su propio criterio y a su nivel de conciencia. ¿Qué consigo yo con el hecho de que tú estés mal? A mí eso no me aporta nada. Lo que realmente me aporta es estar en calma yo y trabajar cómo vivo mi realidad. - En cualquier caso, veo que le van muy bien las cosas. ¿Se ve volviendo a trabajar en un programa de televisión? - Ahora mismo estoy fluyendo. Doy conferencias, hago teatro, estoy con lo del libro, cuento con mi marca No Ni Ná (con la que ya tengo tres tiendas), tengo el bar El Trompeta, sigo haciendo de La Chusa,... Si surge un proyecto de televisión bonito, pues ya lo hablaremos. Las ofertas de tele que me han llegado hasta ahora, no me apetecían. Y además necesitaba descansar de ella. Si llega algo, bien. Y si no llega, también. Realmente no necesito nada.
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