El Periódico Extremadura
Bajo la sombra milenaria del Arco de Trajano, donde la piedra guarda todavía el eco de los siglos, hubo un tiempo en que las voces viajaban sin prisa, sostenidas por manos de mujer. Manos firmes, pacientes, invisibles. Allí, en el (ya viejo) edificio de Telefónica, ellas tejían el hilo invisible que unía destinos.
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