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Un tudelano revive la final de Copa del Rey:
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Un tudelano revive la final de Copa del Rey: "Durante unos minutos no me creía lo que estaba pasando"

Diego Carasusán Cermeño, presidente de la Peña Real Sociedad de Tudela desde hace 21 años, ha vivido uno de los momentos más especiales como aficionado. Su testimonio narra la gloria de la Real Sociedad en la final de la Copa del Rey disputada en Sevilla, una experiencia que compara con la mítica final de Zaragoza de 1987. El viaje comenzó el sábado a las 6 de la mañana desde Tudela. Carasusán describe un desplazamiento masivo nunca antes visto, con 26.000 aficionados con entrada y hasta 10.000 más sin ella. La Fan Zone estaba desbordada, una 'marabunta blanca y azul que impresionaba', y el ambiente en el estadio de La Cartuja, por su verticalidad, creaba una imagen 'histórica' que 'te queda para toda la vida'. El partido no pudo empezar de mejor manera, con un gol en a los 14 segundos. Sin embargo, para Carasusán, todo formaba parte de un guion que recordaba al de la final de Zaragoza del 87. A pesar de que el Atlético de Madrid era el claro favorito, la esperanza se mantuvo intacta entre los seguidores. La tensión creció con el avance del partido y las sustituciones. Mientras la Real Sociedad perdía jugadores clave, el equipo rival 'sacaba gente que son titulares'. A pesar de la dificultad, la sensación de que la victoria era posible no desapareció, llevando el encuentro a una tanda de penaltis de infarto. El momento culmen llegó con el último penalti. 'Tuve la sensación cuando metió el penalti la Real definitivo, de que durante unos minutos no me creía que estaba pasando , y esa sensación no me había pasado nunca', confiesa Carasusán. Describe el momento como 'inenarrable', un sentimiento de incredulidad y alegría compartida con su hermano y el resto de aficionados en la grada. La celebración en Sevilla era una espinita que la afición tenía clavada desde la Copa del Rey ganada hace cinco años contra el Athletic de Bilbao, que se celebró sin público por la pandemia. 'Esa sensación de mirar a todos lados y ver gestos de alegría, de llorando... es indescriptible', añade. Para Diego Carasusán, ser de la Real va más allá del fútbol. 'Es que es mi familia', afirma con rotundidad. Su afición es una herencia de su padre, que se hizo del equipo al coincidir en la mili con Satrústegui, y que él ha transmitido a sus hijos. 'Es mi padre, es mi hermano, es mi mujer, es mis amigos, son mis hijos', enumera. Esta pasión familiar se resume en una frase que define su sentimiento: 'No me dan de comer, pero cuando pierden me quitan el hambre'. La victoria en Sevilla ha sido, por tanto, una celebración compartida con todos sus seres queridos y con la gran familia 'txuri-urdin'. Entre los recuerdos de la final, Carasusán destaca también anécdotas como la pancarta de apoyo que llevaron para el portero Remiro, natural de Cascante, o la emoción de ver a un padre y un hijo abrazados y llorando durante todo el partido, una de las muchas 'historias increíbles' que dejó la final.

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