Vanguardia
El desierto hiere, pero también abrasa y quiere a sus moradores. Al mirarnos en los ojos de nuestra mujer, en las tardes ardientes de la canícula –la cual ya es de siete meses–, nos vemos reflejados en un ave marítima, la cual no olvida en sus recuerdos: esto alguna vez fue mar. Por eso, en aquellos viejos versos del juglar de Saltillo, el gran cantante Mario Saucedo escribió en su tonada:
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