COPE
El escritor Emilio Lara presenta su nuevo libro, ‘Un mar de oro verde’, una obra que recorre miles de años de historia a través del aceite de oliva. El ensayo propone un viaje desde las primeras almazaras prehistóricas hasta la actualidad, pasando por Grecia, Roma o Al-Ándalus, para desvelar cómo el ‘oro líquido’ se convirtió en el motor de civilizaciones enteras. Lara explica que el aceite fue el ‘petróleo de la antigüedad’. Hace unos 9.000 años, en lo que hoy es Israel, ya existía un almacenaje industrial prehistórico, pero fue durante el Imperio romano cuando su producción y exportación alcanzaron una escala industrial. “El Imperio romano se sustentó, en gran parte, gracias a los pingües beneficios del aceite de oliva”, afirma el autor, destacando que la Bética era la despensa de todo el imperio. Además de su peso económico, tenía un profundo factor cultural. Para un romano, el aceite era esencial para “sentir la romanidad”, usándolo en el cuerpo, en la comida, como combustible para las lámparas y en la fabricación de medicamentos y perfumes. Lara confiesa que es su obra más personal, un ensayo de historia “muy, muy literario” donde se desnuda. El autor se apoya en la autoficción, utilizando su propia memoria y recuerdos como material narrativo. “Es un libro hecho como unas matrioskas, un juego de muñeca rusa donde continuamente le doy al lector billetes para viajar al pasado con un billete de regreso al presente”, detalla. Esta conexión íntima ha cambiado su valoración sobre el producto. “He aprendido tanto sobre el aceite de oliva en su historia, que ese amor lo he querido trasladar al libro”, explica. El escritor define su obra de una forma muy clara: “En definitiva, este libro es una historia de amor”. Según Lara, como sociedad hemos olvidado que el aceite forma parte de nuestra cultura popular y de una forma de vida exitosa como es la dieta mediterránea. También destaca sus beneficios para la salud, constatados por universidades de todo el mundo, como “rejuvenecedor celular, para combatir enfermedades oncológicas, la depresión y como freno a enfermedades neurodegenerativas”. El autor concluye que si el aceite de oliva pudiera hablar, se definiría como “el elixir de la eterna juventud”. Lara recuerda la búsqueda infructuosa de la fuente de la eterna juventud por los conquistadores españoles en América y sentencia: “Lo más parecido a esta fuente de la eterna juventud es el zumo de la aceituna, nuestro aceite de oliva”.
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