ABC
El cuento de la Feria clasista está tan manido que no merece la pena refutarlo, sobre todo cuando lo recitan quienes más la pisan de válvula, ora en la caseta de fulanito, ora en la de menganito, de la almendrita al cigalón de tronco. Montar una caseta cuesta un riñón, no tiene subvención y los socios son de todo tipo. Las hay, por ejemplo, de un módulo con cincuenta miembros para repartirse la puñalada, que siempre es mejor cincuenta heridos que un muerto, y las hay también de tres módulos y un solo propietario que se deja en la barra una hipoteca. Allá cada cual con su fórmula. Lo que ocurre es que este modelo independiente rompe los esquemas del... Ver Más
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