INFORMACION
Sabemos que lo indicado por esta obra se refiere a una sala, un cuarto o juego de escape, esa actividad de ocio inmersiva y cooperativa en la que un grupo de participantes resuelve acertijos, enigmas y tareas físicas o lógicas para alcanzar un objetivo dentro de un tiempo limitado. De tal modo, la narrativa y la ambientación articulan las pruebas y favorecen la comunicación y el trabajo en equipo. Una aventura que se puede realizar incluso en casa para conseguir escapar de un claustrofóbico encierro con pistas o sin la ayuda del jefe de ceremonias. Una ocupación lúdica que quiere ser emocionante. Esta es la exitosa comedia de miedo, de suspense, Escape room (2020), con dos parejas de amigos en el marco de una escenografía, de Joan Sabaté, que nos coloca en una de estas salas. Partiendo de ahí, del banal pretexto como tantos otros, existen choques, se destapan intimidades y florecen temas ligeramente. Igualdad de género, hipocresía política, infidelidad matrimonial, otras miserias o la reacción humana en situaciones límite. De cualquier forma, el interés es muy escaso. Los efectos cómicos, una de las bazas del espectáculo, no se mantienen de pie y las escenas transitan con dirección de Xavi Mira. El texto de Joel Joan y Hèctor Claramunt lo interpretan, ágilmente, Josep Manel Casany con su vacilón papel, una forzada Cristina García, un equilibrado Sergio Caballero y Águeda Llorca con su contestatario personaje. Una producción valenciana que el público del Principal de Alicante acogió con ganas de divertirse. Pero hay más. ¿Si todo se tuerce y el juego se transforma en pesadilla liderada por un nazi psicópata? La verdad es la vía de salida. O el rizo se puede rizar. El prólogo se estira más de la cuenta y lo demás queda convertido en juguete bobalicón. La versión de Xavi Mira tiene referentes propios y cercanos que solo refuerzan lo dicho en la anterior frase. El diseño de luces de Ignasi Camprodón y el espacio sonoro de Albert Manera dan estímulo a los pasajes. De aquí surgió la peli.
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