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Las siestas, mejor cortas (no más de 30 minutos), en un sillón y sin bajar las persianas. Esta es la recomendación que daba el catedrático de Fisiología Juan Antonio Madrid en una entrevista reciente con ABC . «No hay que buscarla voluntariamente, pero en determinadas edades y circunstancias es muy positiva. Ayuda a bajar la presión arterial, reduce el estrés y mejora la memoria», aseguraba. Sin embargo, cuando este descanso en mitad del día se vuelve excesivo puede ser síntoma de que algo no marcha bien. Una nueva investigación revela que, con la edad, las siestas podrían ser un indicador fácilmente detectable de patologías subyacentes o deterioro de la salud. El estudio reciente, realizado por investigadores del Mass General Brigham y el Rush University Medical Center, siguió a 1.338 adultos mayores durante un máximo de 19 años para analizar sus hábitos de siesta y las tasas de mortalidad asociadas. Descubrieron que las más largas, frecuentes y matutinas se asociaban con mayores tasas de mortalidad, según publica la revista 'JAMA Network Open'. «El exceso de siestas en la edad adulta se ha relacionado con la neurodegeneración , las enfermedades cardiovasculares e incluso una mayor morbilidad, pero muchos de estos hallazgos se basan en los hábitos autoinformados y omiten datos sobre cuándo y cómo de regulares son. Nuestro estudio es uno de los primeros en demostrar una asociación entre los patrones de siesta medidos objetivamente y la mortalidad, y sugiere que el seguimiento de estos patrones tiene un enorme valor clínico para detectar precozmente problemas de salud», afirma el autor principal, el doctor Chenlu Gao, investigador del Departamento de Anestesiología del Mass General Brigham, que también es investigador asociado de la División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Departamento de Medicina. Entre el 20 y el 60% de los adultos mayores echan siestas. Las ocasionales pueden ser reparadoras, pero las excesivas durante el día, en personas mayores, se han relacionado con un amplio abanico de problemas de salud. A pesar de estas asociaciones, la relación ha sido poco estudiada, y los trabajos existentes carecen de datos objetivos sobre los patrones de siesta, la hora del día en que se toman y las variaciones en dichas pautas a lo largo del día. Los investigadores del Mass General Brigham recurrieron a los datos del Proyecto Rush sobre Memoria y Envejecimiento, que comenzó en 1997 como un estudio de cohortes centrado principalmente en la cognición y la neurodegeneración de personas mayores, en su mayoría blancas, del norte de Illinois. A partir de 2005, los participantes llevaron monitores de actividad en la muñeca durante 10 días para medir los datos de actividad y descanso. El equipo extrajo los datos de patrones de sueño y analizó la duración, la frecuencia, la hora del día y la variabilidad diaria de las siestas. Para 2025, se habían recopilado datos durante 19 años de un total de 1.338 participantes. Los investigadores analizaron los resultados para encontrar asociaciones entre los patrones de siesta en la evaluación inicial y la mortalidad por todas las causas durante el seguimiento de casi dos décadas, y encontraron que las siestas más largas , más frecuentes y matutinas se asociaron con una mayor mortalidad . Cada hora adicional de siesta diurna por día se relacionó con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 13% mayor; cada siesta extra por día se vinculó con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 7% mayor; y quienes echaban un sueño por la mañana tuvieron un riesgo de mortalidad un 30% mayor en comparación con quienes dormían la siesta por la tarde. Los patrones de siesta irregulares no se asociaron con ningún aumento del riesgo de mortalidad. «Es importante señalar que se trata de una correlación, no de una relación causal. Las siestas excesivas probablemente indiquen enfermedades subyacentes, afecciones crónicas, trastornos del sueño o desregulación circadiana. Ahora que sabemos que existe una fuerte correlación entre los patrones de siesta y las tasas de mortalidad, podemos justificar la implementación de dispositivos portátiles para evaluar las siestas diurnas, con el fin de predecir problemas de salud y prevenir un mayor deterioro», concluye Gao.
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