La Opinión de Murcia
Imagina que necesitas pagar una obra en casa, saldar una deuda con un familiar o simplemente tener algo de efectivo guardado para imprevistos. Te acercas al cajero, introduces la tarjeta y sacas unos cuantos billetes. Un gesto cotidiano, aparentemente inocente. Lo que probablemente no sabes es que, según la cantidad que retires, ese movimiento puede acabar en el escritorio de un inspector de Hacienda.
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