Diario CÓRDOBA
Hay días que son manchas en el calendario. Otros, sin embargo, tienen el color y el sabor de las sirenas, que no existen, ya lo sé, pero ¿acaso importa si existen o no cuando crecimos pensando que ser sirena era algo magnífico y misterioso y pensábamos que quizá existieran en el fondo del mar y allí reinaban, nos protegían de los sueños malos y cantaban para que Ulises se perdiera en su regreso a Itaca? Sirenas que eran misteriosas, astutas y bellas. Sirenas que nadie vio con su sonido embriagador y aquel aroma mitad salado mitad dulce que cubría una piel de escamas que todo lo desvestía.
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