Faro de Vigo
De regreso a casa, de noche, casi a oscuras, me tropecé con una trinchera de cajas en la que, al fondo, sobresalía un gorro blanco de lana que, cual periscopio, subía y bajaba, oteando a los transeúntes. La del gorro era una mujer sin hogar, tirada en el suelo, al aullido del viento.
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