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El "teatrillo" de Moreno Bonilla: se hace la víctima de Vox mientras aplica, punto por punto, toda su agenda radical

Juan Manuel Moreno Bonilla no tiene miedo a Vox por una razón sencilla y demoledora: él fue el pionero, el primero en España en abrirles la alfombra roja y validar su discurso para alcanzar el poder. Mientras hoy intenta vender una imagen de moderación impostada para arañar votos en el centro, la hemeroteca y los boletines oficiales no mienten. El presidente de la Junta no es una víctima de la ultraderecha, sino su principal validador; el hombre que sustituyó el consenso por la concesión, permitiendo que el ideario más retrógrado penetrara en las instituciones andaluzas a cambio del sillón de San Telmo. Dice que busca votos para no tener que pactar con ellos, pero la realidad es que Moreno Bonilla está encantado con las políticas que Vox representa. ¿Por qué miente entonces? Porque necesita el disfraz de gestor tranquilo para ocultar una hoja de ruta que es, en la práctica, indistinguible de la de sus socios. No hay moderación en quien desmantela la sanidad pública a la chita callando mientras financia el negocio privado, ni hay centralismo en quien compra el marco mental de la ultraderecha en igualdad o educación. Bajo esa piel de cordero se esconde un radicalismo económico y social que ha convertido a Andalucía en el laboratorio de pruebas de una derecha que ya no distingue entre el azul y el verde. Esta deriva tiene su origen en el blanqueamiento de la ultraderecha, un pecado original que marcó el inicio de su mandato. Para entender el presente de nuestra tierra, hay que recordar aquel enero de 2019. Moreno Bonilla no solo pactó con Vox; les dio carta de naturaleza política cuando nadie más en España se atrevía a hacerlo. Fue el encargado de rescatar de la marginalidad a una formación extremista para convertirla en el actor necesario para su propia supervivencia. Aquella foto en San Telmo no fue un mal menor; fue una declaración de intenciones que ha terminado contagiando la política de todo el país. Desde entonces, la sumisión ideológica ha sido constante y el Gobierno de Moreno Bonilla ha construido su trayectoria bajo una premisa que el tiempo ha hecho evidente: decir sí, una y otra vez, a las exigencias de la ultraderecha. Aunque la maquinaria de propaganda del PP se esfuerce en proyectar un perfil moderado, la realidad de los decretos demuestra una sintonía total con la agenda de Vox en cuestiones tan sensibles como la educación, la igualdad o la memoria histórica. Ha ejecutado, punto por punto, el programa que la ultraderecha soñaba: desde la dilución de la violencia de género mediante conceptos ideológicos hasta el recorte sistemático de recursos para la igualdad real. En el ámbito educativo, la influencia de Vox se siente en el cuestionamiento de la diversidad y en el respaldo indirecto a propuestas como el pin parental. Sin necesidad de aplicarlo formalmente con ese nombre, el Ejecutivo andaluz ha asumido ese marco mental, debilitando la educación pública mientras refuerza modelos que priorizan la privada y la concertada. Lo mismo...

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