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La ballena Timmy, al borde de la muerte, vuelve a quedar varada en la arena | Collector
La ballena Timmy, al borde de la muerte, vuelve a quedar varada en la arena
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La ballena Timmy, al borde de la muerte, vuelve a quedar varada en la arena

Los alemanes siguen el destino de la ballena Timmy en un torbellino emocional colectivo. Las imágenes del cetáceo liberado de la arena y nadando por su cuenta, en la mañana del lunes, se vivieron como un triunfo y con la esperanza de que Timmy volviese a recuperar su vida, en el mar del Norte. La euforia se desató en las redes sociales y el ya célebre rorcual jorobado, que se movía en libertad después de semanas atrapado en la bahía del Kirchsee, parecía emprender rumbo a su segunda vida con la bendición generalizada de la opinión pública alemana. Para sorpresa de todos, sin embargo, Timmy no tomó rumbo mar adentro, sino que dio vueltas, quizá todavía confusa, y siguió recorridos en forma de zigzag durante muchas horas. Los barcos de la operación de rescate la seguían e intentaban guiar a la ballena en la dirección correcta, pero con las horas comenzó a descender el nivel del agua y Timmy volvió a quedar varada en la arena. El entusiasmo se ha transformado ahora en un silencio tenso, casi incrédulo, que envuelve la costa de la isla de Poel. Los expertos advierten a esta hora que el tiempo juega en contra: un animal de unas doce toneladas, apoyado sobre una superficie dura y con el nivel del agua bajando, corre el riesgo de que su propio peso aplaste sus órganos internos. La operación de rescate, por otra parte, ha mostrado grietas internas. La veterinaria hawaiana Dr. Jenna Wallace, que «renunció enfadada» ayer, tras un conflicto con el equipo, ha alimentado la sensación de caos y agotamiento. El ministro regional de Medio Ambiente, Till Backhaus, que ha pasado esta última noche en una embarcación, junto a la ballena nuevamente varada, confiesa el impacto emocional. «Lo que aquí pasa, las discusiones, las agresiones verbales… eso hace algo con uno», ha reconocido el desgaste. La cobertura masiva del caso ha generado reacciones muy intensas entre científicos y rescatadores. A estas alturas, se duda mayoritariamente sobre la necesidad de seguir interviniendo a tal escala en un proceso natural. Otros critican el «circo mediático» y la presencia de políticos vigilando al animal día y noche. También han comenzado a surgir voces que piden una medida drástica para evitar sufrimiento de la ballena. Los expertos coinciden en que el nivel del agua seguirá bajando hoy y que cada centímetro perdido aumenta el riesgo para Timmy. El plan original, elevar la ballena con grandes flotadores bajo sus aletas y deslizarla sobre una lona entre pontones, para remolcarla así hacia aguas profundas, ya no parece viable. El «Plan B», guiarla con barcos hacia la salida, fracasó ayer cuando el animal cambió repetidamente de dirección y volvió hacia la costa. El biólogo Boris Culik ha precisado que, si el agua baja 50 centímetros más, «desarrollará el peso enorme que carga sobre sus órganos internos y no podrá resistirlo». Timmy sigue quieta, respirando cada vez más lentamente, convertida en símbolo involuntario de un país que oscila entre la empatía, la frustración y la impotencia.

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