Cope Zaragoza
Los jardines de la Residencia Nuestra Señora de Casbas se han convertido este pasado domingo en un escenario donde el tiempo se detuvo para tejer un puente invisible entre generaciones. Con motivo de las celebraciones por el Día de Aragón, la Agrupación Folklórica Santa Leticia de Ayerbe ha celebrado su tradicional festival de la escuela, un evento que este año ha trascendido lo musical para convertirse en un profundo acto de memoria y gratitud. El aire se ha llenado con las notas de la jota y el folclore aragonés, pero sobre todo, con una emoción palpable que ha unido a niños, adultos y mayores en un mismo latido. Bajo el lema “Nuestras Raíces”, el festival ha reunido a todos los alumnos de la asociación, desde los más pequeños del grupo de iniciación, que apenas levantan unos palmos del suelo, hasta los veteranos, custodios de una tradición que se niega a desaparecer. El evento no ha sido una simple sucesión de actuaciones, sino un relato vivo, un cuento de San Jorge narrado a través de la danza y el cante. En esta historia, los mayores de la residencia representaban esas raíces profundas y sabias, mientras que los niños, como nuevos caballeros, recogían el testigo para proteger el tesoro de la cultura aragonesa. El sol de la mañana ha sido testigo de uno de los momentos más conmovedores de la jornada. Tras sus actuaciones, los jóvenes artistas han bajado del escenario, no para recibir aplausos, sino para darlos. Con dibujos realizados por ellos mismos en sus manos, se han acercado a cada uno de los residentes, regalando no solo un trozo de papel coloreado, sino una caricia en el alma. Las sonrisas, los ojos vidriosos y los abrazos espontáneos han contado una historia más elocuente que cualquier partitura, la historia de un encuentro genuino entre el futuro y el pasado de Ayerbe. La presidenta de la agrupación, Noelia Gracia Labay, ha puesto palabras a ese sentimiento compartido, dirigiéndose directamente a los mayores. “Vosotros sois las raíces vivas de nuestra tierra. Si hoy estos niños bailan y cantan con orgullo, es porque vosotros cuidasteis el camino antes que ellos”. Con esta afirmación, Gracia no solo ha agradecido su legado, sino que ha validado su papel fundamental como guardianes de la memoria colectiva. La jota ha sido el vehículo para un mensaje mucho más profundo: el de la conexión intergeneracional. La cultura, en su máxima expresión, ha servido como nexo, demostrando que la tradición no es un objeto de museo, sino una fuerza viva que se nutre del respeto y el cariño entre quienes la heredan y quienes la transmiten. Este festival ha sido un recordatorio de que cuidar a los mayores es cuidar la propia identidad de un pueblo. El agradecimiento no solo se ha manifestado con gestos y palabras. En un acto de reconocimiento hacia la institución que acogía el evento, la Agrupación Santa Leticia ha hecho entrega de varios regalos a la residencia. La gobernanta del centro, Sandra Malo, y un miembro de la Junta, Lourdes Lánguiz, han recogido estos obsequios destinados a enriquecer el ocio y el bienestar de los residentes, sellando así un pacto de colaboración y afecto entre ambas entidades. El broche de oro del festival ha llegado con la interpretación colectiva de “S’ha feito de nuey”. Las voces de los joteros, los niños, los padres y los propios residentes se han unido en un solo canto, transformando la canción en un himno a la memoria.
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