La Opinión de Málaga
En los pueblos pequeños, perder un bar y una tienda no es una anécdota ni un simple cambio de paisaje comercial. Es un golpe directo a la vida cotidiana, a la convivencia y a esa red mínima de servicios que ayuda a que la gente pueda seguir viviendo en el territorio. Porque cuando desaparecen ambos, el problema ya no es solo no tener dónde tomar un café o comprar pan, es que el pueblo se encoge un poco más. Y eso es exactamente lo que le acaba de ocurrir a Benafigos.
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