La Jornada
Tuvo que pasar un siglo para que viéramos con claridad a las ciudades como máquinas de poder. Fritz Lang imaginó en su película Metrópolis, de 1927, la verticalidad como arquitectura de dominación. La élite disfruta de la luz en torres imponentes, mientras los trabajadores se consumen en un subsuelo industrial oculto. Esta geografía de la desigualdad es un preámbulo de las ciudades globales actuales, donde la prosperidad visible depende del trabajo precario e invisible que las sostiene.
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