Cope Zaragoza
Cuando se cumple un año de la muerte del Papa Francisco, el periodista italiano Salvatore Cernuzio ha recogido en el libro 'Padre' su relación con Jorge Mario Bergoglio, y dando a conocer su lado más personal y cotidiano. Cernuzio entabló con Francisco una relación de amistad gracias a sus visitas a la Casa Santa Marta, donde residió el Pontífice renunciando al Palacio Apostólico para evitar la soledad. En una entrevista en COPE, el periodista recuerda que la relación con Francisco comenzó en el vuelo durante su viaje a Irak en marzo de 2021, cuando Salvatore Cernuzio le entregó una carta personal que el Papa tardó dos meses en responder. “Me impulsó a escribirle una frase que él repetía a menudo: 'Me gusta ser sacerdote, escuchar la vida cotidiana de la gente'. No esperaba una respuesta; dos meses después había perdido toda esperanza al ver también la intensa actividad del Papa. Esa llamada fue una señal, porque era un momento difícil en mi vida por cuestiones laborales y familiares; fue la señal de que Dios realmente cambia la vida de las personas en un instante. Desde el primer momento llamé 'padre' al Papa, así lo sentí. Y desde ese día, poco a poco, se fue construyendo todo el vínculo”, ha revelado. Durante 'Padre', el periodista cuenta cómo su relación de Francisco era algo así como de un hijo o nieto, pero sin olvidar que su labor era informar sobre el día a día del Pontífice. “Como medios institucionales, estamos siempre al servicio del Papa, en cualquier circunstancia”. En cualquier caso, asegura nunca haber “obtenido privilegios de esta relación” con Bergoglio, si bien reconoce que esta amistad le permitió “entrar en lugares donde no había ningún periodista, al darme acceso a momentos privados como la llamada telefónica a Gaza, o al detenerse para intercambiar alguna broma o pregunta durante los viajes”. Para Cernuzio, es inolvidable algunos momentos como “darme un paseo en coche o dejarme comer y dormir detrás de él en el avión de camino a Yakarta. Eso sí que fue un privilegio”, afirma. Uno de los episodios que refleja en el libro, es cuando el Papa Francisco le llama para despedirse durante su último ingreso en el hospital Gemelli en febrero de 2025. “Era un momento de gran incertidumbre”, recuerda el periodista, ya que no se sabía si el Pontífice se recuperaría. “Veía que los más cercanos estaban más preocupados. Yo quería hacer cualquier cosa menos marcharme y dejar a Francisco en ese estado. Cuando me llamó al hospital y me dijo que quería despedirse de mí era porque él tampoco sabía cómo iba a acabar todo, realmente me derrumbé… Fue duro, pero confié en sus últimas palabras: 'Tranquilo, te espero”, ha relatado. El sentido del humor del Papa es otra faceta que recoge 'Padre'. “Para él, el humor era una virtud cristiana. No creo que tuviera nada que ver con la desmitificación de su imagen; era muy consciente del papel que desempeñaba y de las situaciones. Es que simplemente le gustaba hacer bromas, hacer reír a los demás o contar chistes”, recalca Salvatore Cernuzio. Para el vaticanista, el Papa Francisco era “un anciano simpático que entretenía a los invitados y nunca olvidaré esa mirada que ponía cuando estaba a punto de decir algo impactante —por ejemplo, el remate de un chiste—: levantaba la cabeza, te miraba fijamente y le brillaban los ojos para captar tu atención y decirte: mira lo que voy a decir. Lo hacía con todo el mundo: conmigo, con una monja, con un cardenal, con un primer ministro”. El libro también hace alusión a las llamadas diarias de Francisco al párroco de la única iglesia católica de Gaza, el Padre Gabriel Romanelli, incluso durante su último ingreso hospitalario. Cernuzio lo compara al momento en el que “mi abuelo y mi abuela me llamaban por teléfono todas las tardes en los primeros tiempos, cuando me mudé a Roma desde Calabria, en el sur de Italia: «¿Cómo estás? ¿Todo bien? ¿Has comido? ¿Qué tiempo hace? Solo que en ese caso eran el Papa y el pueblo de la Sagrada Familia de Gaza”. El periodista presenció una de esas videollamadas, que califica de “increíble”. “Ni una palabra, solo cercanía, una presencia virtual pero real. ¡Una locura! La esencia de la pastoral de Bergoglio”, subraya. Francisco era muy dado a las sorpresas, por ejemplo con sus visitas a las periferias romanas, o cuando se presentó en un garaje para una catequesis. “Se le iluminaban los ojos cuando llegaba de improviso a algún sitio y la gente no se lo esperaba. Recuerdo que una vez volvimos de una cárcel y él entró por una puerta secundaria de Santa Marta. Había dos camareras tumbadas en el sofá descansando. Él se acercó a ellas expresamente para decirles: '¡Buenas noches!' Ellas se levantaron de un salto: '¡Dios mío, Santidad! No le habíamos visto'. Él se reía: 'No quería molestar'. En realidad, lo había hecho a propósito porque le gustaba ver la reacción de los demás”, destaca. Para Salvatore Cernuzio la muerte de Francisco le dejó un gran vacío. Durante su ingreso en el Gemelli, desde el 14 de febrero hasta el 23 de marzo, no dejó de rezar por su recuperación. “Sabiendo las dificultades que hubo durante su ingreso, algunos tipos de crisis, y leyendo los informes médicos con la ayuda de mi padre, que es médico, puedo decir de verdad que solo Dios y la oración de todos permitieron que saliera del Gemelli. No era algo seguro”. Para el periodista, el Señor quiso regalarle a Francisco un “hermoso final” con la celebración de su último 'Urbi et Orbi' el Domingo de Resurrección y posterior vuelta por la plaza de San Pedro para despedirse de los fieles congregados allí. “Él mismo, como he escrito, había dado las gracias a su asistente sanitario personal, Massimiliano Strappetti, diciéndole: 'Gracias por haberme traído de vuelta a la plaza”.
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