Faro de Vigo
Más de 40 personas atendidas en una sola mañana, charlas jurídicas encadenadas, turnos que se suceden sin apenas respiro y la misma sensación repitiéndose en la puerta: gente que llega con una carpeta bajo el brazo y no tiene claro ni por dónde empezar. Eso es lo que se está viendo estos días en la Casa Azul de Pontevedra, convertida en uno de los puntos a los que acuden decenas de inmigrantes para intentar poner en orden su situación administrativa, sobre todo venezolanos, pero también personas de otros países latinoamericanos e incluso de Senegal.
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