Collector
Luque impone su ley y Talavante encuentra la belleza a medias en Sevilla | Collector
Luque impone su ley y Talavante encuentra la belleza a medias en Sevilla
COPE

Luque impone su ley y Talavante encuentra la belleza a medias en Sevilla

La corrida de Núñez del Cuvillo de este martes en la Maestranza transitó por terrenos de tibieza, con un encierro elegante de hechuras pero corto de alma. Faltó ese combustible que enciende las faenas: la emoción que depara la casta. Unas veces por la defensiva aspereza de los toros, otras por su desfondado aplomo, y en medio de todo, un viento incómodo que entorpeció la lidia y deslució los intentos. En ese paisaje desigual emergió, con luz propia, el toro que hizo segundo en orden de lidia —primero del lote de Talavante—, el único que ofreció recorrido y clase. El extremeño lo entendió desde el principio, dibujando una faena de trazo limpio y cadencia templada, especialmente al natural, donde el toreo fluyó con naturalidad. Sin embargo, esa facilidad con la que resolvió cada embestida le restó un punto de emoción a una obra que pedía mayor compromiso, un paso más allá en la intensidad. El animal, agradecido al buen trato, fue creciendo en profundidad, pero la faena no terminó de romper. Aun así, una estocada eficaz rubricó una labor premiada con una oreja que pudo y debió ser doble si hubiese habido más ambición. Con el quinto, Talavante se alargó en exceso. Quiso construir desde el inicio, dejando un arranque prometedor, pero pronto el toro se vino a menos, sin continuidad ni celo. Insistió el torero, ahora sí con mayor firmeza, tratando de sostener lo que ya no tenía pulso, pero la espada terminó por diluir cualquier opción de premio. La cara opuesta la ofreció Daniel Luque, que firmó la actuación más rotunda de la tarde en términos de autoridad. Su primero, sin entrega y venido a menos, exigía firmeza y oficio. Y ahí apareció el sevillano, sacando muletazos a base de paciencia y colocación, hasta imponerse desde la cercanía, metido entre los pitones, conectando con un público que supo reconocer el mérito de construir donde no había materia prima. Pero fue en el sexto donde Luque elevó su actuación. Un toro áspero, de comportamiento incierto, al que dominó con mano firme y sin concesiones. Plantado, seguro, gobernando cada arrancada, incluso cuando el animal amagaba con rajarse o protestar, el de Gerena mostró una versión de torero poderoso, capaz de someter la embestida más incómoda. No tuvo, sin embargo, el eco esperado en los tendidos, pese a la solidez de su propuesta. José María Manzanares, por su parte, dejó una tarde gris. Ni el manejable primero ni el deslucido cuarto encontraron en él la chispa necesaria. Sus faenas, correctas pero sin relieve, coincidieron además con los momentos de mayor inclemencia del viento, que terminó por diluir cualquier atisbo de lucimiento. Una tarde más en la oficina...

Go to News Site