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Las quejas de José Luis Ábalos y Koldo García sobre las condiciones de sus traslados desde la cárcel de Soto del Real al Tribunal Supremo han generado un debate sobre los procedimientos penitenciarios. Para aclarar estas dudas, Joaquín Leyva, portavoz del sindicato de funcionarios de prisiones Acaip-UGT, ha intervenido en el programa ‘El Cascabel’ de TRECE, donde ha detallado la operativa que se sigue en estas situaciones. Una de las principales protestas se centra en los madrugones, ya que los presos son levantados a las cinco de la mañana. Leyva explica que esto responde a una necesidad logística, pues los traslados son colectivos y deben sincronizarse con la Guardia Civil, que “dictamina los horarios a los que van a recoger a los internos”. El objetivo es optimizar los recursos y garantizar que cada recluso llegue a su sede judicial a tiempo, minimizando el impacto en la seguridad ciudadana. Esta planificación implica que internos con juicios a distintas horas viajen en el mismo furgón. “Si en un mismo juzgado hay 10 internos que tienen juicio ese día, uno lo tiene a las nueve de la mañana y otro a las dos de la tarde, lo normal es que los 10 internos salgan a la vez y regresen a la vez”, aclara el portavoz. Esto provoca que el primero en ser juzgado deba esperar al último para volver a prisión, y este, a su vez, puede pasar horas en los calabozos judiciales antes de su vista. Ábalos también ha manifestado su malestar por la incomodidad del furgón, asegurando que se está “destrozando la cadera”. Leyva señala que los vehículos son los habilitados para el traslado de presos y, aunque admite que “no tienen las comodidades que tiene un coche privado”, están acondicionados para su función. En los traslados colectivos, las medidas de seguridad para evitar fugas o altercados prevalecen sobre el confort. En cuanto a los grilletes apretados, el funcionario de prisiones indica que las esposas tienen medidas estandarizadas y, si bien se intenta que no dificulten la circulación, es una situación incómoda. “No es una situación cómoda para nadie el estar limitado de movimientos”, reconoce. Además, al ir esposados en parejas, los propios gestos pueden causar un “entumecimiento de las articulaciones”. El bocadillo de chóped que reciben los presos también ha sido motivo de queja. Leyva aclara que, en traslados largos, se les proporciona una bolsa de pícnic con comida no perecedera para cumplir las medidas sanitarias. El contenido se ajusta a los limitados presupuestos que marca la legislación penitenciaria, buscando asegurar “una alimentación correcta para subsistir durante el tiempo que está fuera”. Finalmente, sobre la denuncia de Koldo por el supuesto robo de su cinturón, Leyva explica el protocolo. Por seguridad, los internos no pueden llevar en los traslados objetos como cinturones, cordones o mecheros. Si un recluso los lleva al salir de su módulo, “se les tienen que requisar y se les tienen que guardar” en el departamento de ingresos. Aunque se toman precauciones, admite que en la gestión de traslados colectivos la custodia de estos enseres “puede llegar a verse comprometida”.
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