Ultima Hora Mallorca
Aunque creemos saberlo todo sobre lo que nos cuestan las cosas, la realidad es que vivimos rodeados de falsas contabilidades que distorsionan nuestra percepción. Pongamos, por ejemplo, el turismo, ese preciado bien para algunos y plaga bíblica para otros que hemos convertido en el soporte económico de nuestro país. Con gran alborozo y alegría quienes presentan los telediarios nos dicen que hemos batido el récord de ingresos por turismo, que se han multiplicado las pernoctaciones, que el gasto per cápita de los turistas ha aumentado este año… Hasta hace poco todo eran parabienes para el turismo, nadie parecía darse cuenta de la oscura realidad que esconde porque lo analizamos desde la perspectiva de una contabilidad que sólo tiene en cuenta los ingresos y eso nos impide ver la realidad. Comprobar la causalidad directa del turismo en los graves problemas de vivienda que padecemos ha hecho que, por fin, abramos los ojos y veamos que los espléndidos beneficios que tanto prometía el turismo tenían un coste elevadísimo que hemos preferido ignorar hasta que se ha hecho insoportable. No es sólo el desorbitado coste de la vivienda, tanto de compra como de alquiler, sino la incidencia directa del turismo en la sostenibilidad, en la inflación y su impacto social, en la gentrificación de nuestras ciudades, en la saturación de nuestros servicios… Y esa es la parte de su coste que se ha hecho visible porque ya la padecemos directamente, pero hay otra que, como el iceberg, no se ve, de momento, a simple vista. Basta un ejemplo: el precio de hoteles y restaurantes que pagamos hoy en día es desorbitado para las dietas que técnicos y artistas cobran cuando salen de gira. Hay plazas en las que el coste es tan elevado que tienen que pagar para poder trabajar. ¿Hasta cuándo podrán mantener esto? De seguir así las giras de teatro pronto dejarán de existir. Y ese, que perdamos el derecho al acceso a la cultura, será otro coste más de esta vorágine que nos asola. La realidad del impacto del turismo viene falseada por una contabilidad que sólo tiene en cuenta los ingresos: ¿Quién paga la construcción de autovías y carreteras? ¿Quién la construcción de las líneas de alta velocidad? ¿Quién ha financiado la construcción de nuestros aeropuertos? Hemos sido mayoritariamente los españolitos con nuestros impuestos. Y la pregunta es ¿habrían venido todos esos turistas para gastar todo ese dinero si no hubieran tenido esas infraestructuras? Sin duda, en el turismo no es oro todo lo que reluce.
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