Collector
Aprender a ser rico viendo un documental | Collector
Aprender a ser rico viendo un documental
ABC

Aprender a ser rico viendo un documental

El documental sobre la vida de la Duquesa de Alba , ' Cayetana, la duquesa de todos ', me ha descubierto cosas fascinantes sobre los ricos y aquí quiero compartir mi reciente sabiduría al respecto. Sé, por ejemplo, que el único tratamiento para la tuberculosis, en los años treinta y para los ricos, era pasar largas temporadas en Saint Moritz. Para los pobres, la tuberculosis no tenía tratamiento. Su madre le lanzaba una zapatilla para que no se acercase. Así que, la prevención era el lanzamiento de pantufla. Acientífico pero eficaz. La Duquesa de Alba, a los diez años, se parecía bastante a Linda Blair como la niña de 'El Exorcista'. Y viajaba mucho, que es otra cosa que diferencia a una niña rica de entonces de una pobre. Eso y que aprendió a esquiar y a montar a caballo antes que a caminar. Creo que no me equivoco si afirmo que aprendió a hacer casi cualquier cosa antes que a caminar. Supongo que para los ricos, y más para los ricos de antes, caminar es una vulgaridad. Y Cayetana podría haber prescindido de hacerlo si se lo hubiese propuesto. Otra cosa que no les gusta a los ricos, además de caminar, son las guerras. Y por eso, en cuanto estalló en España una, la mandaron a estudiar a París. Para que no viera arder su palacio. A los pobres no les queda más remedio, ante una guerra, que perder lo poco que tienen y verlo arder. Allí se encargó de ella una ex de su padre, que es también muy de ricos, llevarse bien con los ex. Los pobres no hacemos eso (¿qué somos? ¿franceses?). Nosotros rompemos y nos dejamos de hablar y dejamos de ir a los mismos bares para no encontrarnos más. Eso también diferencia a un rico de un pobre. En casa de la ex de su padre es donde le pilla a Cayetana la entrada de los nazis, los de verdad, en Francia. Así que se la llevan a Londres. Huir de los malos es otra forma de viajar, si uno se lo puede permitir. Y después de todo esto, se muere su pony. Y aquí la pobre lo pasa fatal. Porque una cosa es que se muera una madre de tuberculosis, que estalle una guerra y que al país de acogida lleguen los nazis y otra muy distinta es que se muera un pony. Y ahí sí que llora, aunque su padre llevase toda la vida diciéndole que los Alba no lloran. Tuvo puesta de largo, por supuesto , y fue en Sevilla ya que ella se sentía sevillana. Porque los ricos son como los de Bilbao, que son de donde les da la gana. Se enamoró de un torero y de un jinete y se acabó casando con el hijo de un duque. Se enteró de que estaba embarazada de su primer hijo. Ser hijo de rico, en aquella época, consistía en ir a saludar a la madre por las mañanas, repeinado y bien vestido, estar cinco minutos con ella y pasar el resto del día con el servicio. Ser madre, siendo rica, parece una cosa menos sacrificada que siendo pobre: mientras se dedican a viajar o alternar con Charlot, con Picasso, con Orson Welles, con Ortega y Gasset o con Lola Flores, a esquiar y a cabalgar, alguien les educa a los hijos. Luego se muere su padre y luego su marido, y luego se enamora de un exsacerdote, y se casa, y más tarde de un funcionario, y se casa. Los ricos creen en el matrimonio y por eso se casan muchas veces . Y, cuando se quedan viudos, tienen muchos amigos que no quieren verles tristes y les llevan al cine, y a bailar, y a beber, y a comer, y a viajar. También se pueden casar con 84 años. A los 84 años los pobres, de llegar, están pensando en su funeral. Los ricos, en su siguiente boda y en herencias. Y si tienen que pedir consejo a alguien, se lo piden a un expresidente del gobierno. Morirse, eso sí, se mueren como todos. Aunque a su entierro va más gente.

Go to News Site