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Andalucía ya huele a feria. Después de una Semana Santa sin vivida y disfrutada al amparo del sol, el calendario da paso a las siguientes fiestas grandes de la región. En unas semanas, miles de mujeres vestidas de gitana recorrerán las calles de Sevilla, Jerez, Córdoba y Málaga, entre otras ciudades. Algunas llevan meses diseñando el vestido que estrenarán esta temporada y otras han llevado a arreglar aquel que usó su madre años atrás. El vestido tradicional y sus complementos, como el mantón, los broches y las peinetas, empiezan a ganar clientes también en los turistas que visitarán la feria por primera vez. Existen pocas reglas para vestirse de gitana. La tradición es flexible y permite que tanto locales como extranjeros se vistan para la ocasión con el traje oportuno. Sophie Gray quiere aprovechar esta oportunidad y lucir como una sevillana más en la próxima Feria de Sevilla. «Soy estadounidense viviendo en España, con novio andaluz y este año será mi primera vez vistiéndome de gitana en la Feria de Abril», explica en un vídeo que publica en sus redes sociales. Lleva dos años aprendiendo de la cultura y la vestimenta tradicional de la región y, por primera vez, este año da el paso para llevar un traje de flamenca. «En este punto hay un montón de presión para vestirme de gitana, pero ¿sabes qué? Es caro». Sophie no tenía ningún vestido heredado de su familia y ha comprado cada pieza de su estilismo de feria desde cero. «He podido conseguir tres trajes por menos de 320 euros», confiesa. Las aplicaciones de venta de ropa de segunda mano han sido sus aliadas en estos meses, las estudiaba cada mañana «como si fuera el periódico de cada día». «Aún no sabía lo caro que son los mantoncillos, o sea, que se puede gastar tanto en los mantoncillos como en los trajes», reconoce. Estos accesorios bordados pueden superar los 80 euros de precio si están confeccionados en seda. «Hoy he salido de casa a buscar los mantoncillos súper ilusionada porque ya tengo mis trajes», y por el camino ha descubierto el precio de estos complementos. Sophie ha comprado un mantoncillo «súper caro, pero súper caro» y ya no tiene más presupuesto para comprar otros dos mantoncillos que combinen con sus otros vestidos. «No tengo más dinero y no me arrepiento», declara. Eso sí, tiene pensado reutilizarlo cada día. «Menos mal que hay tendencia de poner los mantoncillos así al revés, porque con lo mucho que me han cobrado por este mantoncillo, pues todo el mundo lo va a ver». Le dará un aspecto diferente cambiando las flores de su peinado, los pendientes y la forma en la que se colocará el mantoncillo por los hombros. La ropa de gitana tiene un precio elevado porque emplea telas de calidad en grandes cantidades, para conseguir ese volumen en la falda y volantes. Los adornos de pedrería y bordados también elevan el ticket final, especialmente si los confecciona un artesano a mano.
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