El Plural
Pedro Sánchez ha vuelto a colocar a España en el bloque de países europeos que exigen una respuesta más dura frente a Israel, pero el debate comunitario ha dejado al descubierto, una vez más, las profundas resistencias de la Unión Europea a traducir las palabras en decisiones concretas. La discusión sobre cómo presionar al Gobierno de Benjamin Netanyahu ha evidenciado que, detrás de los discursos sobre derechos humanos, legalidad internacional y protección de la población civil, cada capital sigue jugando su propia partida. La propuesta española, defendida en el terreno diplomático por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, pasaba por aumentar la presión sobre Israel y abrir la puerta a medidas de peso, entre ellas la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la UE e Israel. El movimiento de Madrid, respaldado por otros países como Irlanda y Eslovenia, buscaba lanzar una señal política rotunda ante la ofensiva israelí y las continuas vulneraciones del derecho internacional denunciadas por distintos actores europeos. Pero en Luxemburgo, donde los ministros de Exteriores abordaron este martes la cuestión, la realidad volvió a imponerse: no hay consenso suficiente (ni tampoco voluntad) para dar ese paso. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, constató tras el encuentro que no existía apoyo suficiente para ninguna de las opciones más ambiciosas planteadas sobre Israel, lo que deja en evidencia la incapacidad de la UE para actuar con una sola voz incluso ante una crisis que golpea directamente su credibilidad internacional. En ese mapa de posiciones, Francia aparece en una zona intermedia. París no se ha alineado con el rechazo frontal de Italia y Alemania, pero tampoco ha abrazado del todo la tesis española. Su apuesta pasa por restringir los vínculos comerciales con los asentamientos israelíes ilegales en Cisjordania, una medida que también ha encontrado eco en Suecia y que busca mantener la presión sin romper completamente el marco de relación con Israel. Es, en el fondo, un apoyo a medias: suficiente para marcar distancias con Netanyahu, insuficiente para secundar la ofensiva diplomática que reclama Sánchez. Bruselas choca con el muro de las grandes capitales El principal dique de contención sigue estando en Alemania e Italia, dos países que han rechazado la suspensión del Acuerdo de Asociación y prefieren mantener una línea de diálogo crítico antes que abrir una ruptura política con el Ejecutivo israelí. Según Reuters, ambos gobiernos se opusieron a la iniciativa que impulsa España. La lectura es transparente: las dos capitales consideran que elevar la presión al máximo nivel podría tener consecuencias diplomáticas y estratégicas que no están dispuestas a asumir. Ahí es donde el relato europeo empieza a llenarse de matices, cautelas y, para el bloque que encabeza España, de excusa política. Porque el problema ya no es solo la dificultad jurídica o procedimental de sacar adelante una suspensión del acuerdo con Israel. El problema es que una parte decisiva de la UE sigue sin querer pagar el coste político de un choque serio con Netanyahu, incluso en medio de un deterioro humanitario que...
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