El Plural
Entre té con leche, humor británico y reflexión, Jason Isaacs revela por qué nunca persiguió la fama ni los discursos vacíos. Dentro de una suite del hotel Chateau Denmark en Londres, Jason Isaacs desmonta con facilidad la imagen intimidante que tantas veces ha proyectado en pantalla. El hombre que dio vida a algunos de los antagonistas más recordados del cine se muestra cercano, agudo y sorprendentemente cálido. Lejos de la solemnidad que podría esperarse de una figura tan reconocible, su presencia está atravesada por una naturalidad casi doméstica, como si la celebridad nunca hubiera terminado de adherirse del todo a su identidad. Hay algo discretamente paradójico en él. Para alguien con un rostro asociado en todo el mundo a personajes de enorme peso dramático, Isaacs habla menos como una estrella y más como un artesano que jamás ha dejado de trabajar. Sentado con calma, reflexivo y con ese ingenio británico que aparece incluso en las respuestas más serias, deja claro que el reconocimiento nunca fue el motor de su carrera. "Cuando empecé, mi única idea de éxito era conseguir trabajo. Cualquier trabajo como actor. Si podía pagar el alquiler o comprar comida, eso era el éxito", recuerda. El contraste se hace aún más evidente en el entorno. En las opulentas estancias del Chateau Denmark de Londres, un espacio de lujo teatral y minuciosamente diseñado, pide lo más simple posible: té con leche. Rechaza la extensa carta de infusiones especiales y se queda con la taza británica de toda la vida. Cuando llega, la prueba, sonríe con educación y aun así encuentra algún pequeño motivo para quejarse con suavidad. El gesto resume bastante bien su forma de estar en el mundo: rodeado de exceso, sigue buscando lo familiar. CHAQUETA & PANTALÓN: ZARA CAMISETA: ADPT CINTURÓN Y ZAPATOS: LOTTUSSE RELOJ: CHOPARD Para alguien vinculado globalmente a figuras aristocráticas, oscuras o amenazantes, la realidad es mucho más terrenal. Saluda personalmente a cada miembro del equipo, bromea con naturalidad y genera una atmósfera bastante más cálida de lo que su filmografía podría sugerir. Esa humanidad, precisamente, parece ser una de las claves que sostienen una trayectoria de casi cuatro décadas en las que ha transitado teatro, cine independiente, televisión de prestigio y grandes producciones internacionales sin convertir la fama en un destino en sí mismo. A estas alturas, lo visible importa menos que lo significativo. Lo que le interesa no es tanto el tamaño de un proyecto como la sensación de que la historia merece existir. Aunque ha interpretado decenas de personajes memorables, hay uno que inevitablemente moldeó la percepción pública sobre él: Lucius Malfoy en 'Harry Potter'. Sin embargo, él mismo relativiza ese impacto con una mezcla de humor y perspectiva. "He hecho tantas cosas distintas que cuando alguien me reconoce nunca sé por qué. Puede ser una película infantil, un drama bélico, una serie de televisión… incluso videojuegos", comenta. "No elijo proyectos por cuánta gente los verá o cuánto me pagarán. Elijo si el mundo emocional de la historia me resulta interesante"...
Go to News Site