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La madre de Javier Marañón, uno de los dos andaluces presos en Guinea Ecuatorial, inicia una huelga de hambre a los 83 años | Collector
La madre de Javier Marañón, uno de los dos andaluces presos en Guinea Ecuatorial, inicia una huelga de hambre a los 83 años
Cope Zaragoza

La madre de Javier Marañón, uno de los dos andaluces presos en Guinea Ecuatorial, inicia una huelga de hambre a los 83 años

La familia de Javier Marañón, el español que lleva más de un año en prisión provisional en Guinea Ecuatorial, ha intensificado su lucha con una medida desesperada. La madre del detenido, una mujer de 83 años con un delicado estado de salud, ha iniciado una huelga de hambre tras haber abandonado su medicación hace unos días. Esta drástica decisión busca visibilizar un caso que, según denuncian, está sumido en el bloqueo y la falta de respuesta por parte de las instituciones españolas, incluido el Gobierno. La decisión de la madre de Javier ha sumido a la familia en una profunda angustia. "La verdad que que muy mal", lamenta Laura Marañón, hermana del preso. A pesar de su delicada salud, la mujer de 83 años "tiene su cabeza bastante bien y fuertes convicciones". La familia ha intentado disuadirla, pero se enfrentan a un muro de desesperanza. "Son argumentos que ni siquiera nosotros ya nos creemos. Porque claro, nadie nos da señales de vida", explica Laura, reflejando el agotamiento familiar ante la inacción que perciben. Este sentimiento de abandono se ha consolidado tras meses de esfuerzos infructuosos. "Hemos recurrido a todo lo que hemos tenido a nuestro alcance: instituciones, gobierno, redes sociales, prensa digital, cadenas de televisión, a todo", afirma la hermana de Javier. Sin embargo, la respuesta ha sido el silencio. "Si están haciendo algo, desde luego a nosotros no nos llega, y no nos llega ni siquiera una mísera esperanza para que se la podamos transmitir a nuestra madre", denuncia. La preocupación por la madre de Javier es máxima. Su historial clínico incluye problemas con el riñón y la circulación, además de osteoporosis. El año pasado, su estado de salud se agravó notablemente por una piedra que afectó al riñón y la vesícula, requiriendo un drenaje prolongado y varias intervenciones. "Veremos lo que aguanta", advierte su hija con pesimismo ante la nueva situación. La huelga de hambre es la culminación de un profundo desgaste emocional. Según su familia, la madre de Javier teme no volver a ver a su hijo. "Ella prefiere no vivir antes que, si así consigue salvar a su hijo, porque total piensa que no lo va a volver a ver. Como esto se sigue alargando, ella cree que que no va a aguantar tanto como para volverlo a ver en España, en su casa", relata Laura Marañón. La familia no ha cesado en su empeño de buscar apoyo. El pasado 25 de marzo se concentraron en Madrid para presentar las más de 60.000 firmas recogidas en la plataforma Change.org (que ya superan las 62.600). Allí fueron recibidos por algunos representantes políticos que, según Laura, les prometieron "mover burocracia". Esta respuesta es insuficiente para una familia que pide celeridad. "Para mí es burocracia, porque presentar recursos al congreso o al parlamento o a este tipo de instituciones, para mí es burocracia, y nosotros lo que necesitamos es acción ya", reclama Laura. "¿Cuánto tiempo más va a estar allí? ¿Cuánto tiempo se creen que va a aguantar una persona en aquellas condiciones?", se pregunta con impotencia. La frustración se acrecentó tras un encuentro fortuito el 15 de abril en Pozoblanco, donde una de las hermanas le pidió a la vicepresidenta María Jesús Montero una cita con el ministro de Exteriores. A pesar de que la respuesta fue un "dalo por hecho", la familia sigue esperando. "Aquí nadie dice nada y no sabemos para qué año va a ser eso", critican. Mientras, la situación de Javier en la prisión de Guinea Ecuatorial es igualmente preocupante. La embajada española solo puede visitarlo "una vez cada mes y medio o dos meses", y ni siquiera lo ha logrado en el último periodo. La escasa información que llega confirma que tanto él como su compañero David están "físicamente y mentalmente mal". La familia teme que la noticia sobre su madre llegue a oídos de Javier, ya que "los va a hundir, ya lo va a terminar de hundir". El grito final de la familia es un ruego desesperado por la vida. En palabras de su hermana Laura: "Que me traigan a mi hermano, que me traigan a mi hermano Javier y a David. Porque al final vamos a perder también a la madre de Javier, y cuando vuelva, no la va a tener. Así que que se levanten de la silla y hagan algo".

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