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La Audiencia de Málaga ha condenado a un hombre a 20 años y ocho meses de prisión por el asesinato de su mujer, a la que asestó 12 puñaladas en diversas partes del cuerpo. La sentencia considera probado que, además del crimen, el condenado la maltrató de forma continuada, tanto física como psicológicamente, y la amenazó durante los casi 14 años que duró la relación. Los hechos ocurrieron en la localidad malagueña de Vélez-Málaga. El asesinato tuvo lugar el 28 de mayo de 2022 en el domicilio que la pareja compartía en Benajarafe, en Vélez-Málaga. Según recoge la sentencia, el acusado inició una fuerte discusión a voces con la víctima que se prolongó durante todo el día. Por la tarde, la disputa se tornó "de manera más violenta", y el tono del hombre "se volvía más agresivo, llegando a dar golpes y romper mobiliario de la casa, y la vajilla de la cocina". Ante la escalada de violencia, la mujer le advirtió de que "iba a echar a los guardias". En ese momento, el acusado la amenazó de muerte, manifestando que si llamaba a la policía, "la iba a matar", una amenaza que repitió "varias veces", según detalla la resolución judicial. Durante la larga discusión, el hombre, "con evidente ánimo de causarle daño", llegó a golpear a la mujer en el oído, en la boca, en el pie y en los brazos. Ya de madrugada, la situación se agravó. El acusado "seguía vociferando a gritos de manera cada más violenta, despreciando claramente la condición de fémina de la víctima", incide la sentencia. En un momento dado, el hombre cogió un cuchillo de cocina de sierra de diez centímetros de hoja y, "con evidente ánimo de acabar con la vida de Eva María, de manera sorpresiva, y sin que ella pudiera defenderse", se abalanzó sobre ella. La víctima, que estaba "desprevenida", comenzó a gritar mientras el agresor se lo clavó en varias ocasiones. El acusado le asestó un total de 12 puñaladas, causándole heridas que, por su localización y naturaleza, "no buscaban más que aumentar el sufrimiento de la víctima, que nada pudo hacer por defenderse". Las graves y numerosas heridas le provocaron la muerte. Inmediatamente después de cometer el crimen, el hombre intentó sin éxito acabar con su propia vida. A la llegada de los agentes de la Policía Nacional, el acusado, "con desprecio", confesó el crimen con una frialdad sobrecogedora: "Está con otro y yo no soy cornudo de nadie, la mato vaya, le he tirado a matarla, vaya mierda de cuchillo que se ha doblado cuando le he tirado, me he querido matar y mira lo que me ha pasado, se me ha partido la cuerda y me he roto las piernas". La sentencia de la Sala considera probado que el asesinato fue el culmen de una larga historia de maltrato. Durante los años de relación, el acusado sometió a su pareja a un "trato humillante y degradante" con el objetivo "de menoscabar la integridad psicológica" de la víctima. Mantenía con ella "una actitud de control, celos y desprecios", manifestando "expresiones vejatorias" de manera "agresiva y violenta". Este control llegaba al punto de vigilarla incluso cuando estaba en compañía de sus propias hermanas. Los episodios violentos eran frecuentes. El condenado tenía "unas reacciones violentas y exageradas ante cualquier desencuentro en la pareja", llegando a darle patadas en la barriga, puñetazos o a lanzarle platos, además de proferir amenazas constantes. La situación era tan grave que la mujer lo había denunciado hasta en tres ocasiones desde el año 2002. Meses antes del crimen, la violencia alcanzó otro pico extremo. Durante una discusión en presencia de la hija que tenían en común, el acusado, "con el evidente ánimo de amedrentarla y movido por un manifiesto desprecio al género femenino de la misma", cogió un hacha "y la amenazó haciendo ademán de golpearla en la cabeza". Por todos estos hechos, la sentencia impone al hombre una pena de 20 años de prisión por un delito de asesinato. Además, se le condena a 66 días de trabajos en beneficio de la comunidad por un delito de maltrato habitual y a ocho meses de prisión por otro de amenazas. A la hora de fijar la pena, el tribunal ha aplicado las circunstancias agravantes de parentesco y de género, así como la atenuante de drogadicción. La sentencia se ha dictado con la conformidad del acusado y su defensa respecto a la calificación de los hechos y la pena solicitada por el fiscal, a la que se adhirieron tanto la acusación particular como la popular. Este acuerdo abarca la narración de los hechos, los tipos delictivos, las circunstancias que modifican la condena y la pena final a imponer. Finalmente, en concepto de responsabilidad civil, el condenado deberá pagar una indemnización de 100.000 euros a cada uno de los cinco hijos de la víctima, lo que suma un total de 500.000 euros.
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