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Comer en Taberna Regina es viajar a la Córdoba de 1904
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Comer en Taberna Regina es viajar a la Córdoba de 1904

Hay sitios que no necesitan reinventarse para seguir llenos años tras años. Este es el caso de la Taberna Regina, donde el tiempo no parece pasar por allí. Paredes con azulejos, una barra con mil historias que contar y una cocina que sigue funcionando como hace más de un siglo, desde 1904, cuando abrir una taberna significaba que se iba a dar de comer a los clientes como en casa. Reconocida como Solete con solera por Guía Repsol, Regina forma parte de ese mapa sentimental de Córdoba donde el tapeo no es una moda pasajera, sino una forma de vida que ha logrado mantenerse en el tiempo a pesar de mil dificultades. Entrar en Taberna Regina es entender rápidamente de qué va esto. No hay giros modernos ni discursos complejos: aquí manda la tradición. La barra funciona como punto de encuentro para locales y visitantes que buscan ese sabor más típico de la cocina cordobesa. Es un espacio donde se comparte, se pide al centro para compartir y se alarga la sobremesa como se ha hecho toda la vida. Donde el ruido es parte del ambiente y cada plato llega presentado sin muchas florituras pero con esa naturalidad y saber hacer del que ya lo ha hecho mil veces o más. La carta es un recorrido directo por el recetario andaluz más popular. Las croquetas , especialmente las de puchero o rabo de toro, son uno de los imprescindibles, cremosas y con ese punto casero que marca la diferencia. El flamenquín, otro de los grandes protagonistas, aparece tanto en su versión clásica como reinterpretado con merluza y gambas. Y no falta uno de los platos más celebrados de la casa: el rabo de toro , profundo de sabor y cocinado con ese tiempo que no admite atajos. La cocina de Regina también se mueve con soltura entre el mar y la sartén. Boquerones fritos, calamares o bacalao forman parte de una oferta donde la fritura bien hecha sigue teniendo un papel protagonista. A esto se suman opciones a la plancha como el pez espada o el atún con vinagreta de tomate , que aportan equilibrio a una carta pensada para todos los ritmos de comida. En el apartado más contundente, destacan platos como la carrillada, la presa ibérica o los huevos rotos con lomo , ideales para quienes buscan una experiencia más completa. Más allá de los platos principales, hay una serie de elaboraciones que definen el espíritu de la casa: patatas bravas, chicharrón de Cádiz o berenjenas fritas con miel de caña.   Incluso propuestas como el bocata negro de calamar demuestran que, sin salir de lo clásico cordobés, siempre hay margen para pequeños guiños que mantienen viva la carta. En una ciudad donde la gastronomía convive entre la tradición y la vanguardia, Taberna Regina ocupa un lugar especial. Y su reconocimiento como Solete con solera no hace más que confirmarlo, ya que hay bares que forman parte del imaginario popular y que, precisamente por eso, se han vuelto imprescindibles para los cordobeses y cordobesas.

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