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Durante décadas, miles de mujeres sostuvieron la vida familiar desde casa sin que ese esfuerzo se tradujera en cotizaciones a la Seguridad Social. Cuidar de los hijos, atender a personas mayores, ocuparse de la limpieza, la comida o la organización del hogar fue un trabajo constante, pero en la mayoría de los casos quedó fuera del mercado laboral formal y, por tanto, también fuera de la carrera de cotización necesaria para acceder a una pensión contributiva de jubilación. Esa realidad sigue pesando hoy sobre muchas amas de casa que se acercan a la edad de retiro con la duda de qué protección les queda cuando dejan atrás la vida activa. La respuesta es que el sistema español sí contempla una vía específica para quienes se encuentran en esa situación: la pensión no contributiva de jubilación.
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