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Conservación y mantenimiento de presas hidráulicas | Collector
Conservación y mantenimiento de presas hidráulicas
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Conservación y mantenimiento de presas hidráulicas

Para el control de avenidas que circulaban sin provecho y a veces con daño en una tierra sedienta, se recurrió a la construcción de pantanos en el sureste ibérico. Los de Almansa (1578) y Tibi (1593) fueron los primeros, si bien el segundo, embalse modélico hasta muy avanzado el siglo XVIII, superó, con mucho, a aquel en celebridad y trascendencia. Tras dichos reservorios, aún en funcionamiento, se levantan durante la centuria siguiente los de Elche, Elda, Onteniente y, probablemente, los de Petrel y Alcora, además de un intento fallido en Lorca, sobre el Guadalentín. Al setecientos corresponden Lébor, en Totana, Relleu y, sobre todo, los gigantescos para la época hiperembalses de Puentes (52 hm3) y Valdeinfierno (proyectado para 29 hm3); antecedentes obligados de las grandes presas actuales y, con diferencia, el primero, cuya capacidad no sería superada en España hasta 1912 por el de Guadalcacín, el mayor de los realizados en Europa hasta entonces. Su rotura, por error de cimentación, el 30 de abril de 1802, ocasionó la mayor catástrofe de la historia hidráulica española, con 608 víctimas y daños evaluados en más de 34 millones de reales de vellón. La ruina del hiperembalse fue argumento capital de los adversarios de los pantanos en la polémica sobre estos que tuvo por caja de resonancia París durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. En el estrecho de Puentes quedó comprometido el futuro de las grandes presas; y allí mismo se abrió paso definitivamente gracias a la construcción entre 1881 y 1885, en régimen de concesión, de la tercera presa, que durante una centuria larga, hasta su reemplazo por una cuarta el año 2000, ha resistido las descomunales riadas del Guadalentín.

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