Ultima Hora Mallorca
Sí, sí, han leído bien. Años atrás, yo llevé pantimedias durante un tiempo. Y además las llevaba cada día, a todas horas, incluso para dormir. Dicho esto y antes de que algún amable lector pueda sacar conclusiones quizás un poco precipitadas sobre mis preferencias o mis gustos, he de decir que aquello fue después de una operación en mi pierna derecha, a finales de 1989. Yo tenía entonces 26 años. El doctor que me operó me dijo que yo tendría que ponerme medias de compresión de manera regular una vez que estuviera ya en casa. Y así lo hice, pese a que me resultaba un poco embarazoso asumirlo, pues ya saben ustedes que siempre he sido un tipo duro, pero duro de verdad –miren, por favor, mi foto–. Aún recuerdo, de hecho, el delicado momento en que entré en una farmacia de Palma para pedir y comprar mis primeras pantimedias. De color piel y con puntera invisible, para ser exactos. Una vez que ya las tuve, lo más complicado era siempre ponérmelas y quitármelas, intentar evitar que me apretasen demasiado en el exterior de la cavidad pélvica e ir a hacer pis con ellas, sobre todo cuando estaba en un bar o un restaurante. Por suerte, en aquella época yo no tenía pareja, una circunstancia que al menos me evitó tener que dar largas y prolijas explicaciones. Finalmente, a mediados de 1990 el doctor me dijo que ya me podía quitar las pantimedias, lo cual me provocó un gran alivio. Aun así, reconozco que nunca más volví a tener las piernas tan estilizadas, sensuales y bonitas como entonces, incluso cuando llevaba calzado plano y pantalones abombados de lino.
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