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40 años de la LNL
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40 años de la LNL

Se van a cumplir la semana próxima cuarenta años de la promulgación de nuestra Llei de Normalització Lingüística, que ha constituido el fundamento de toda la política en esa materia desde entonces.El hito no es menor, porque la ley nació de un consenso parlamentario hoy impensable y, además, surgió del gobierno conservador de Alianza Popular que comandaba Gabriel Cañellas, quien tuvo el indudable mérito y la inteligencia política de no ofrecer a sus adversarios un inacabable motivo de confrontación con algo tan íntimo y, a la vez, tan definitorio de una sociedad, como es la lengua en que se comunica.El balance tras estas cuatro décadas es desigual. La normalización, es decir, la recuperación de la lengua propia –el catalán, en las diversas y ricas formas que adquiere en nuestras islas– ha funcionado razonablemente bien en el ámbito escolar y en el público, pero ello no ha evitado que, con el vuelco demográfico que hemos experimentado en lo que llevamos de este siglo, la lengua catalana haya retrocedido mucho en su uso social habitual, por la sencilla razón que los nativos catalanoparlantes hemos quedado reducidos, en nuestra propia tierra, a una minoría. Y si los postulados de la LNL se pensaron para proteger los derechos de los individuos de una sociedad que era mayoritariamente catalanoparlante, pero que apenas estaba alfabetizada en su propia lengua, que no podía estudiar en ella y que ni siquiera podía exigir que las administraciones la usaran en sus comunicaciones con la ciudadanía, hoy esos mismos postulados sirven, a la inversa, a los derechos de la mayoría castellanoparlante, por más que nos choque.En una sociedad conscientemente crispada y dividida gracias a su paupérrima clase política, se hace imprescindible encontrar ámbitos de concordia que contribuyan a recuperar un debate sano y democrático, el contraste de la respetuosa discrepancia, alejado del odio mutuo que se percibe en los extremos del arco político, como nunca antes desde nuestra Guerra Civil.Por ello, hay que celebrar la efeméride como se merece, aun a sabiendas de que, como toda norma jurídica, la LNL es mejorable y actualizable, porque, definitivamente, la sociedad balear de 1986 tiene poco que ver con la de 2026.En estos cuarenta años ha cambiado la lengua hablada en la calle; en algunos entornos urbanos, de forma radical. El acceso a la lengua para los no nativos no se ha hecho, en muchas ocasiones, respetando las formas inmemoriales de nuestro catalán, sino extendiendo un estándar enlatado con muchos términos, conjugaciones y expresiones que nos han sido ajenos durante siglos, en detrimento de los propios, lo que, sin duda, constituye un empobrecimiento de la diversidad y la riqueza de la lengua que compartimos con los habitantes de otros territorios.Y a la hora de seleccionar los docentes, se ha primado el estar en posesión de certificados en lugar de asegurar el dominio material –y sobre todo oral– de la lengua, y ello ha derivado en una juventud que no habla como sus padres ni como sus abuelos, ante la pasividad absoluta de quienes ocupaban las instituciones, más preocupados en utilizar la lengua como elemento de definición política que por garantizar el correcto uso del tesoro que nos legaron nuestros antepasados.

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