El Plural
Ay, joven muchachilla de provincias, quĂŠ contenta estĂĄs a pocos meses de acabar el curso porque al fin se termina esa cĂĄrcel de hormonas y gilipollas que es el instituto; estĂĄs tranquila pese a que selectividad se acerca porque tu profesora de filosofĂa, la mĂĄs chachi que has tenido, te ha convencido de que es una prueba burocrĂĄtica mĂĄs, un mero trĂĄmite acadĂŠmico que ni de lejos se parece al juicio determinante que el resto de docentes te han vendido. Adoras a esa profe, pongamos que se llama BegoĂąa, porque te ha ayudado a digerir mejor los aĂąos horribles de tu adolescencia convenciĂŠndote de que eres lista y sofisticada, mĂĄs inteligente y culta que los otros – los otros: te gusta deshumanizarlos, imaginĂĄrtelos como enanos horrorosos y chillones que aspiran a sacarse el carnet al cumplir los dieciocho para reventarse a doscientos sesenta en alguna curva del PAU de tu ciudad –; gracias a ella has leĂdo a los sospechosos habituales que inspiran cuando eres joven, el Anticristo de Nietzsche y La insoportable levedad del ser de Kundera, Retrato del artista adolescente de Joyce e incluso alguna historia breve de Dostoievski. Tras medio bordar la selectividad – no te esforzaste en absoluto, pero no te juzgo – decides seguir por la tangente humanista y matricularte en alguna carrera de letras puras como FilologĂa HispĂĄnica o FilosofĂa; sabes que son grados con pocas salidas, pero, aunque tus padres no sean ricos, sĂ tienen la suficiente posiciĂłn socioeconĂłmica para mantenerte en una ciudad cara todo el tiempo que quieras hacerte la bohemia, hasta que te canses y estudies cualquier mĂĄster habilitante para una profesiĂłn mĂĄs posible, asĂ que coges tus bĂĄrtulos y marchas a una ciudad chula, pongamos que Madrid o Barcelona o Granada, en busca de nuevas aventuras y sensaciones, de conversaciones profundas y encuentros lisĂŠrgicos, de artistas independientes y amigos sofisticados; sin embargo, a quien primero conoces es a un profesor de una optativa de IntroducciĂłn a la literatura rusa con quien debes hacer las tutorĂas con la puerta del despacho abierta porque te quiere meter la polla. La historia ya la conoces y la has visto en buenas ficciones. Por ejemplo, Sara Barquinero, probablemente una de las mejores escritoras espaĂąolas en activo – creo que ahora mismo es mi autora favorita –, acaba de publicar una novela que te describe con infinitamente mĂĄs minuciosidad que yo, La chica mĂĄs lista que conozco, historia que relata las desventuras de una chavalilla eufĂłrica de Valladolid que baja a estudiar Filo a la capital y se enamora de un profesor joven, guarro y pretencioso que tiene por primera norma de su guĂa docente tratar de acostarse con todas sus alumnas de primero; una historia brutal – y algo cĂnica con la academia, pero es que aquĂ la academia nos da bien de lache – que demuestra hasta quĂŠ punto estĂĄn normalizadas estas cosas en las facultades de humanidades; y sĂ, he dicho de humanidades porque conozco pocas historias de gafapastas profesionales de...
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