La Opinión de Málaga
Uno no suele reflexionar tanto sobre su propia lengua y cultura como cuando las deja atrás. Cuando llegué a España, una de las primeras expresiones que más me llamaron la atención fue una que escuché en la serie Los Serrano, la comedia familiar que se emitió en los años 2000: «¡Estás tonto!», exclamó un personaje. Para mí, que había crecido en Argentina, esa expresión fue reveladora. En Argentina, una persona no puede estar o no estar tonto. Allí, se es o no se es tonto: la tontería no es temporal, es permanente. Por eso, «estar tonto» me resultó muy sutil, optimista, incluso cariñosa. Permitía al tonto salirse de su tontería. Jugar a ser tonto un rato, y dejar la tontería cuando la situación lo requiriese. En Argentina -y en otras regiones de España- la tontería perdura; es categórico y cierra todo tipo de alternativa a mejorar.
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