La Opinión de Málaga
¿Estaremos ante una subrepticia rehabilitación populista de la dinastía borbónica para compensar su antiguo vicio absolutista? Sin entrar en el enojoso asunto del 23-F, la verdad es que en los siglos XIX y XX la felonía de Fernando VII, el apoyo de Alfonso XIII a la dictadura primoriverista y el entusiasmo de su hijo Don Juan por el golpe de Franco dejan mucho que desear. La maniobra realzaría, en compensación, un fértil liberalismo en hábitos sexuales, innovando el menú nacional, ración de preso impuesta por el Vaticano y sus agentes. Sabíamos lo que sufría el pacato Jovellanos ante las liviandades de la corte de Carlos IV, o la adicción al sexo de su papá Carlos III, pero gracias a Mari Pau Domínguez («La corona maldita», Grijalbo) vamos sabiendo que Felipe V, que trajo la dinastía a España, no introdujo solo el centralismo, sino procaces juegos sexuales. De más acá, mejor dejarlo.
Go to News Site