El Periódico Extremadura
Al doctor Pérez ibas poco. Y eso, más que una virtud, era una tranquilidad. No eres de los que aparecen en la consulta cada vez que algo molesta ni de los que necesitan que alguien con bata les confirme que siguen vivos. Vas cuando toca. Cuando algo no cuadra. Cuando el cuerpo dice una cosa rara que no se arregla sola. Y entonces él, en diez minutos y sin ruido, mira, escucha, y sabe. No solo lo que pone en la pantalla. Sabe.
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